Hay deportes donde la subjetividad es inevitable. En los clavados, por ejemplo, la diferencia entre un salto perfecto y uno regular puede estar en el ángulo de entrada al agua, en una mínima flexión de rodilla o en la alineación del cuerpo que dura milésimas segundo.
En el boxeo, cuántas veces hemos visto peleas que el público jura que ganó un peleador y los jueces ven lo contrario. Lo mismo pasa en gimnasia, patinaje o nado sincronizado.
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Ahí la gente grita “robo” desde la tribuna o en redes sociales, pero lo cierto es que los jueces se preparan durante años para distinguir esos detalles técnicos que los demás no sabemos ver. No es que sean infalibles, pero sí tienen una formación que va mucho más allá de la opinión del aficionado.
El problema es cuando confundimos esa subjetividad natural con la tendencia. Y en el futbol mexicano, esa línea es demasiado delgada.
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El árbitro también toma decisiones en décimas de segundo, pero tiene reglamentos claros, apoyo de asistentes y hasta del VAR. Sin embargo, ¿qué pasa cuando un silbante se equivoca siempre en la misma dirección? Ahí deja de ser un error aislado y empieza a parecer un patrón, justo a favor del patrón.
No es lo mismo marcar un penal dudoso de vez en cuando que marcarlo siempre a favor del mismo equipo. No es lo mismo equivocarse en un fuera de lugar apretado que levantar la bandera siempre contra los mismos colores.
Cuando la balanza se inclina de manera repetida hacia un lado, la subjetividad deja de parecer normal. Eso es lo que genera sospecha, y es lo que mina la credibilidad de un deporte que ya de por sí vive en medio de sospechas.
El caso de Marco Antonio “Gato” Ortiz no puede pasarse por alto. Su particularidad no es equivocarse (todos los árbitros se equivocan), pero no siempre a favor del mismo equipo, como es el caso.
Y la pregunta es directa: ¿Casualidad? ¿Sesgo? ¿O un árbitro que ya encontró comodidad en beneficiar siempre a los mismos? En un deporte que presume transparencia y tecnología, lo mínimo que debería hacerse es investigarlo y más cuando siempre se equivocan al equipo cuyo dueño es dueño del balón.
Porque los jueces en deportes de apreciación se equivocan, sí, pero hacia todos lados. Cuando los errores de un árbitro van en una sola dirección, no hablamos de subjetividad: hablamos de tendencia, o en el caso del futbol mexicano, de indicación.