Shareny Muñoz

Lo que tienes que saber

  • Cuando una mujer asume la conducción interina de un país en crisis, no se trata únicamente de representación simbólica, se convierte en un espejo donde se proyectan expectativas, dudas y temores colectivos, especialmente en una región donde el acceso de las mujeres a los espacios de decisión sigue siendo frágil y cuestionado.
  • Y esa convivencia se aprende, se aprende en casa, en la escuela, en lo que se dice y en lo que se calla.
  • Y en ese ejercicio de reflexión, la educación vuelve a ser clave, no como solución inmediata, sino como el lugar donde se forman las miradas capaces de entender que la historia no se aplaude ni se condena de inmediato, se analiza, se cuestiona y se aprende.

Venezuela atraviesa uno de esos momentos en los que la historia se detiene un segundo y nos obliga a mirar con atención. En medio de una crisis política prolongada, el país ha entrado en una nueva etapa con la designación de una mujer como presidenta interina; esto, no es un hecho menor, pero tampoco es aún una respuesta, es sobre todo, una señal que abre preguntas.

No sabemos qué rumbo tomará este nuevo capítulo, no sabemos si traerá estabilidad, continuidad o ruptura. Lo único claro es que ocurre en un país profundamente marcado por la desigualdad, la migración forzada y un sistema educativo que lleva años intentando sostenerse en condiciones adversas.

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Según datos recientes de organizaciones educativas y gremiales venezolanas, durante el último año más de dos millones de niñas, niños y adolescentes permanecen fuera del sistema escolar o con trayectorias educativas interrumpidas. La deserción docente continúa siendo uno de los mayores retos, impulsada por salarios insuficientes y condiciones laborales precarias. La educación, como reflejo de la vida nacional, resiste mucho más por vocación que por estructura.

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En este contexto, el relevo político no puede leerse solo como un movimiento de poder, también interpela a lo más profundo del tejido social. Cuando una mujer asume la conducción interina de un país en crisis, no se trata únicamente de representación simbólica, se convierte en un espejo donde se proyectan expectativas, dudas y temores colectivos, especialmente en una región donde el acceso de las mujeres a los espacios de decisión sigue siendo frágil y cuestionado.

Desde la educación, este momento plantea interrogantes urgentes. ¿Qué narrativas están recibiendo las nuevas generaciones sobre liderazgo, democracia y responsabilidad pública? ¿Qué se aprende cuando el poder cambia de manos en un escenario de tanta incertidumbre? ¿Cómo se explica el presente sin romantizarlo ni condenarlo antes de tiempo?

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Una joven estudiante, en un testimonio compartido de manera anónima, lo resume con una frase sencilla pero contundente: “Aprendimos a estudiar entre apagones y despedidas. Ahora aprendemos a esperar”. Y es que esa espera también educa. Enseña a leer el mundo con cautela, a desconfiar de las promesas fáciles y a comprender que los procesos históricos no se resuelven en titulares.

La filósofa Hannah Arendt advertía que la política es, ante todo, el espacio donde se decide cómo convivimos. Y esa convivencia se aprende, se aprende en casa, en la escuela, en lo que se dice y en lo que se calla. Por eso, observar lo que ocurre en Venezuela desde la educación implica asumir una postura crítica, pero serena, atenta al contexto, sin apresurarse a juzgar.

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Hoy, Venezuela no ofrece certezas, ofrece posibilidades. Algunas inquietantes, otras necesarias. La presencia de una mujer en la presidencia interina no garantiza cambios, pero sí obliga a replantear preguntas sobre poder, responsabilidad y futuro. Y en ese ejercicio de reflexión, la educación vuelve a ser clave, no como solución inmediata, sino como el lugar donde se forman las miradas capaces de entender que la historia no se aplaude ni se condena de inmediato, se analiza, se cuestiona y se aprende.

Porque en tiempos como estos, educar también es enseñar a mirar sin consignas, a pensar sin miedo y a comprender que el verdadero aprendizaje comienza cuando las respuestas aún no están escritas.

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