Shareny Muñoz

Lo que tienes que saber

  • Hay regresos que no se celebran, no hay discursos ni listones, pero el país entero se reacomoda sin notarlo … volver a clases a mitad del camino no es una anécdota escolar, es un retrato social.
  • En estados como Hidalgo, una parte significativa del alumnado combina el estudio con trabajos informales, cuidados domésticos o responsabilidades que no aparecen en ningún plan de estudios, así que, bajo este contexto, regresar no significa empezar, significa reintegrarse a una estructura que siguió avanzando sin esperar.
  • Paulo Freire advertía que educar no es transferir conocimiento, sino crear las condiciones para producirlo, y tal vez es ahí donde está el pendiente, ya que medir resultados sin mirar trayectorias deja fuera a quienes más necesitan que la escuela funcione como acompañamiento y no solo como un filtro.

Hay regresos que no se celebran, no hay discursos ni listones, pero el país entero se reacomoda sin notarlo … volver a clases a mitad del camino no es una anécdota escolar, es un retrato social.

En México, el sistema educativo no se detiene, pero tampoco se ajusta, avanza como si todas las trayectorias fueran iguales, como si regresar fuera siempre una decisión libre y no, muchas veces es la única opción posible.

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Miles de estudiantes interrumpen su formación cada año por razones económicas, familiares o laborales. En estados como Hidalgo, una parte significativa del alumnado combina el estudio con trabajos informales, cuidados domésticos o responsabilidades que no aparecen en ningún plan de estudios, así que, bajo este contexto, regresar no significa empezar, significa reintegrarse a una estructura que siguió avanzando sin esperar.

Aquí es cuando aparece una verdad incómoda, la escuela exige continuidad, pero la vida no siempre la concede. En ese sentido, las instituciones públicas se convierten en algo más que espacios de aprendizaje, pues para muchas personas, son la única puerta posible.

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Las universidades y escuelas públicas sostienen trayectorias que, de otro modo, quedarían truncas, pues no solo ofrecen accesibilidad económica, también brindan estabilidad, permanencia y en muchos casos, la única oportunidad real de movilidad y justicia social.

La desigualdad no se expresa solo en quién entra a la escuela y quién no, sino en quién logra permanecer. No todas las personas regresan con las mismas condiciones, algunas vuelven con ausencias acumuladas, con deudas, con cansancio, con historias que no caben en una boleta, y aun así, se espera que rindan igual.

La educación pública carga entonces con una doble responsabilidad: enseñar contenidos y al mismo tiempo, amortiguar desigualdades.

Paulo Freire advertía que educar no es transferir conocimiento, sino crear las condiciones para producirlo, y tal vez es ahí donde está el pendiente, ya que medir resultados sin mirar trayectorias deja fuera a quienes más necesitan que la escuela funcione como acompañamiento y no solo como un filtro.

Volver a clases a mitad del ciclo abre varias preguntas necesarias ¿Para quién está pensada la educación? ¿Para quien puede seguir el ritmo o para quien necesita que alguien sostenga el paso un poco más?

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Hablar de educación es hablar de Estado, de prioridades y de justicia social, porque cada regreso silencioso evidencia lo que aún no se resuelve; un sistema que avanza, pero no siempre mira atrás, y una educación pública que aun con carencias, sigue siendo el último hilo que impide que muchas historias se quiebren.

Quizá el verdadero desafío no sea garantizar el regreso, sino asegurar que nadie tenga que volver en desventaja. Porque educar no es solo abrir la puerta, es no cerrar los ojos ante lo que cada quien trae consigo al cruzarla.

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