Lo que tienes que saber
- Expertos señalan que la falta de protocolos de protección civil y la omisión de las autoridades ante el riesgo inminente de la fuga, fueron violaciones directas a los derechos humanos y a la salud pública.
- Hasta el día de hoy, no se han implementado planes de remediación ambiental efectivos, dejando a la comunidad expuesta a la contaminación de la tierra y el agua.
- Es de suma importancia el monitoreo y mantenimiento de infraestructuras como los ductos, para prevenir fugas y derrames de hidrocarburos, así como el desarrollo de protocolos de contención y remediación ambiental luego de algún siniestro y el desarrollo de programas de sensibilización comunitaria, sobre los riesgos del manejo de sustancias peligrosas y prácticas de riesgo.
El día de la tragedia
El 18 de enero de 2019, la comunidad de San Primitivo, Tlahuelilpan, se convirtió en el escenario de una tragedia. Lo que comenzó como una multitud de cientos de personas atraídas por una fuga masiva de combustible en un ducto de PEMEX, terminó en una explosión devastadora. Aquello que parecía una oportunidad ante la escasez, se transformó en un infierno.
El saldo oficial es lamentable: entre 137-154 personas fallecidas, decenas de lesionados y numerosos sobrevivientes que hoy viven con secuelas físicas y emocionales permanentes.
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Impacto social: un dolor que no finaliza
La explosión no solo dejó cifras de personas afectadas, dejó familias fracturadas. Decenas de hogares quedaron marcados por la pérdida de padres, hijos, hermanos, incluyendo a niños y adolescentes. Para los sobrevivientes, el calvario continúa: requieren atención médica especializada y apoyo psicológico continuo.
A seis años del desastre, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), advierte que aún no se ha establecido un programa de reparación integral. La falta de atención continua para las víctimas y sus familias, refleja el abandono institucional que profundiza las secuelas. Expertos señalan que la falta de protocolos de protección civil y la omisión de las autoridades ante el riesgo inminente de la fuga, fueron violaciones directas a los derechos humanos y a la salud pública.
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Impacto ambiental: daño latente y olvidado
Aunque el impacto humano es más visible, el desastre ambiental es una bomba de tiempo silenciosa. Tras el derrame y la posterior explosión, el suelo y los cuerpos de agua cercanos quedaron contaminados con hidrocarburos. Estos compuestos permanecen en el ecosistema durante años.
Si no se remedian de forma adecuada, estos químicos se filtran hacia los mantos acuíferos (nuestras reservas de agua subterránea), afectando no solo la biodiversidad local, sino la salud de quienes dependen de esa agua. Hasta el día de hoy, no se han implementado planes de remediación ambiental efectivos, dejando a la comunidad expuesta a la contaminación de la tierra y el agua.
La persistencia del huachicol y sus riesgos
A pesar de la magnitud de lo vivido en Tlahuelilpan, el robo de combustible sigue siendo una realidad alarmante. La detección de miles de tomas clandestinas en el país, demuestra que el riesgo se sigue asumiendo, muchas veces impulsado por la necesidad o la falta de alternativas.
Cada toma es una amenaza ambiental: una fuga no detectada puede contaminar hectáreas de cultivos y fuentes de agua mucho antes de que ocurra una explosión (en caso de suceder). Este ciclo de riesgo pone en peligro tanto las vidas humanas, como el ecosistema.
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Omisiones que cuestan vidas
La CNDH enfatizó: PEMEX conocía los riesgos críticos de las tomas clandestinas en la región, mucho antes de la tragedia. La falta de medidas preventivas y la ausencia de protocolos claros de protección civil y remediación ambiental, exponen fallas institucionales graves. La seguridad no solo consiste en vigilar los ductos, sino en actuar con rapidez y responsabilidad ante la emergencia para proteger a la población.
Vislumbrar hacia el futuro
Tlahuelilpan es un recordatorio de que la carencia de políticas sociales y ambientales pueden amplificar cualquier tragedia.
Es de suma importancia el monitoreo y mantenimiento de infraestructuras como los ductos, para prevenir fugas y derrames de hidrocarburos, así como el desarrollo de protocolos de contención y remediación ambiental luego de algún siniestro y el desarrollo de programas de sensibilización comunitaria, sobre los riesgos del manejo de sustancias peligrosas y prácticas de riesgo.
La historia de San Primitivo no debe ser una fecha de luto en el calendario, sino el punto de partida para exigir un país donde la vida y el medio ambiente valgan más que cualquier combustible.
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