Lo que tienes que saber
- La realización del evento de promoción y difusión turística “Tiempo de Carnaval”, celebrado en la capital hidalguense, no solo se marca el inicio oficial de la temporada de carnavales en la entidad, también abre una ventana a la historia, la tradición y la identidad de más de 50 municipios que, año con año, hacen del festejo una antesala viva de la Cuaresma.
- En el Valle de Tulancingo, el carnaval tiene raíces profundas, que se localizan en la comunidad de Santa Ana Hueytlalpan, con una fiesta que se remonta a más de un siglo atrás y se vive de manera particular en seis barrios.
- Hombres y mujeres de todas las edades participan en la formación de cuadrillas, en los comités de apoyo, en la recolección de donativos, en el armado del torito y en la preparación de la comida para el convivio.
La realización del evento de promoción y difusión turística “Tiempo de Carnaval”, celebrado en la capital hidalguense, no solo se marca el inicio oficial de la temporada de carnavales en la entidad, también abre una ventana a la historia, la tradición y la identidad de más de 50 municipios que, año con año, hacen del festejo una antesala viva de la Cuaresma.
No se trata de un simple calendario festivo, sino de un entramado cultural que conecta pasado y presente, comunidad y territorio, ritual y celebración. Los carnavales en Hidalgo forman parte del patrimonio cultural inmaterial del estado. Son expresiones que no se improvisan: se planean, se organizan y se proyectan con meses de anticipación para ser compartidas tanto con propios e invitados.
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De febrero a marzo estas celebraciones transforman calles y plazas en escenarios donde la música, el color y la danza conviven con la fe, el simbolismo y la memoria colectiva. Además, representan un motor de turismo y derrama económica para regiones que encuentran en sus tradiciones una forma genuina de desarrollo.
En el Valle de Tulancingo, el carnaval tiene raíces profundas, que se localizan en la comunidad de Santa Ana Hueytlalpan, con una fiesta que se remonta a más de un siglo atrás y se vive de manera particular en seis barrios: La Ciénega, La Palma, Tecocuilco, Atlalpan, La Luz y La Raya.
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Cada barrio conserva una identidad propia, aunque comparten un mismo pulso: la música, el movimiento y la herencia de creencias ancestrales que siguen vigentes, pese al paso del tiempo.

El carnaval de Santa Ana Hueytlalpan, que este año se celebrará del 14 al 21 de febrero, es una de las fechas más esperadas por niños, jóvenes y adultos. A tan solo 30 minutos del centro de Tulancingo, esta fiesta se sostiene gracias a la aportación solidaria de la comunidad y de quienes, aun radicando en Estados Unidos, mantienen un vínculo con su lugar de origen.
Detrás de cada día de fiesta hay meses de trabajo. Desde diciembre, los barrios se organizan y, domingo a domingo, sus representantes salen a reunir donativos. De ese esfuerzo colectivo depende la compra de los disfraces de las cuadrillas de danzantes, los juegos pirotécnicos y la contratación del trío huapanguero o la banda de viento que acompaña el recorrido festivo.
El inicio simbólico se da con el levantamiento de banderas en cada barrio y el punto culminante llega cuando todos los barrios se reúnen, este año el 21 de febrero, en un encuentro que simboliza la unidad comunitaria.

El carnaval destaca por la riqueza de sus ceremonias, su vestimenta y sus personajes. Las representaciones del bien y el mal conviven en las calles a través de los Xitas, figuras cubiertas de peluche con máscaras de diablo; mujeres que participan en las cuadrillas portando trajes típicos nahuas, con camisas bordadas y fajas elaboradas de manera artesanal; hombres que visten falda y cubren su rostro para engañar al mal. A ellos se suman payasos, gorilas, brujas, ancianos y personajes de películas, todos con máscaras de tela, madera o caucho, en una mezcla de lo tradicional y lo contemporáneo.
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La importancia del carnaval en Santa Ana Hueytlalpan radica en su capacidad para fortalecer la organización social. Hombres y mujeres de todas las edades participan en la formación de cuadrillas, en los comités de apoyo, en la recolección de donativos, en el armado del torito y en la preparación de la comida para el convivio.

Es un esfuerzo colectivo que une a cientos de familias y reafirma, año con año, un sentido de pertenencia que se transmite a las nuevas generaciones. En tiempos donde la prisa y las nuevas costumbres amenazan con diluir las raíces, el carnaval se levanta en un acto de resistencia, demostrando que la identidad no es estática, sino una celebración viva que, mientras se comparte, se renueva.
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