Lo que tienes que saber
- la lucha por la tierra en Hidalgo”, describí cómo este parque chocó con la vida social y económica de comunidades que dependen del maguey, la milpa y otras actividades campesinas.
- Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió a las inquietudes generadas, asegurando que la obra no se impondrá sin el consentimiento de las comunidades y que aún se encuentra en evaluación.
- el uso de cientos de hectáreas para paneles solares rompe los patrones de infiltración natural, alterando la recarga de los mantos freáticos y poniendo en riesgo el agua para consumo y riego.
La transición energética se ha convertido en uno de los grandes discursos de actualidad: reducir emisiones, combatir el calentamiento global y sustituir los combustibles fósiles por fuentes limpias como lo es la energía solar. No hay duda de que transformar el sistema energético es urgente; sin embargo, el cómo se lleva a cabo importa tanto como el qué tecnologías se desarrollarán. La forma en que se implementan estos proyectos puede profundizar injusticias, fragmentar territorios y causar daños ambientales, incluso bajo el sello del “desarrollo verde”.
No hay luz sin sombra
En Hidalgo, el proyecto de instalar un parque fotovoltaico de gran escala sobre tierras agrícolas ha desatado un debate que evidencia dos realidades opuestas. En mi columna anterior, “Entre el sol y las sombras: la lucha por la tierra en Hidalgo”, describí cómo este parque chocó con la vida social y económica de comunidades que dependen del maguey, la milpa y otras actividades campesinas.
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Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió a las inquietudes generadas, asegurando que la obra no se impondrá sin el consentimiento de las comunidades y que aún se encuentra en evaluación. Esta declaración llega tras meses de movilizaciones y protestas en municipios como Epazoyucan, Singuilucan y Zempoala, donde habitantes han rechazado el proyecto tal y como ha sido planteado.
La memoria: larga como las sombras
Ese rechazo no surgió de la nada. Las comunidades no niegan que la energía solar sea una alternativa válida; lo que cuestionan es el modelo de desarrollo. Un parque fotovoltaico de dimensiones industriales implica cambiar de uso de suelo, fragmentar ecosistemas y transformar una tierra que ha sido cultivada y gestionada por generaciones.
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Para las campesinas y campesinos de la región, esa tierra es sinónimo de historia y sustento. El maguey, por ejemplo, no sólo es una planta: es un elemento esencial de identidad cultural, económica y ecológica. Es refugio para muchas especies, retiene la humedad del suelo y recargan mantos acuíferos. Esta importancia está respaldada por la NOM-059-SEMARNAT-2010, que protege a diferentes especies en riesgo asociadas a los ecosistemas que este proyecto pretende intervenir.
Energía limpia con costos ocultos
Como parte de las preocupaciones de las campesinas y campesinos, se encuentran:
- Impacto hídrico: el uso de cientos de hectáreas para paneles solares rompe los patrones de infiltración natural, alterando la recarga de los mantos freáticos y poniendo en riesgo el agua para consumo y riego.
- Desigualdad energética: Advierten que la energía producida servirá a grandes centros urbanos e industriales, sin dejar beneficios directos para los pueblos que ceden sus tierras.
- Residuos peligrosos: La vida útil de los paneles solares oscila entre los 25 y 35 años. Al terminar este ciclo, se convierten en residuos de manejo especial que, de no ser gestionados correctamente, pueden liberar componentes tóxicos como el cadmio y plomo.
La misma historia de siempre
Más allá de las posturas políticas, el conflicto revela una contradicción peligrosa: una transición energética construida sin justicia social ni ambiental, puede reproducir el mismo modelo extractivista que criticamos en los combustibles fósiles. Se cambia la fuente de energía, pero se mantiene la misma relación de poder vertical sobre los recursos naturales.
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El territorio importa porque regula el clima local y protege la biodiversidad. Cuando un ecosistema se fragmenta para instalar infraestructura industrial, esos servicios ambientales se pierden y los efectos se extienden mucho más allá del sitio del proyecto, afectando a las generaciones futuras.
La verdadera transición
La pregunta no es si necesitamos energías renovables, claro que las necesitamos. La pregunta es ¿Cómo las construimos para no desplazar a quienes han cuidado la tierra por siglos? La verdadera transición debe ser justa con el pueblo, con los ecosistemas, con el agua y la vida. Si algo ha demostrado este conflicto es que, aunque un proyecto traiga un “apellido verde”, no siempre compagina con la justicia social y ambiental. Esa es, al final del día, la transición que realmente debemos construir.
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