Lo que tienes que saber
- En lugares como Pachuca y sus alrededores, donde el viento y la sequía son constantes, arrojar una colilla encendida es jugar con fuego.
- Estamos poniendo en riesgo espacios como el Parque Nacional el Chico y los cerros que rodean la ciudad, por un segundo de distracción e inconsciencia.
- Asegurarnos de apagarlas completamente, incluso si las tiras a la basura, el calor residual puede iniciar un incendio en el contenedor.
A pesar de su tamaño, las colillas de cigarro son el residuo más abundante del mundo. Parecen inofensivas, casi biodegradables a simple vista, pero la realidad es otra. Según la organización Ocean Conservancy, cada año se desechan más de 4.5 billones de colillas en el ambiente.
Lo que muchos no sabemos es que ese filtro no es papel ni algodón; es acetato de celulosa, un tipo de plástico que puede tardar hasta 15 años en degradarse. Durante este tiempo, las colillas no solo permanecen ahí, sino que actúan como una cápsula química que libera lentamente venenos como nicotina, arsénico, plomo y formaldehído en nuestro planeta.
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Un solo cigarro, 50 litros de veneno
La contaminación por una sola colilla es impactante. Diversos estudios demuestran que puede contaminar hasta 50 litros de agua, liberando sustancias suficientes para matar peces y microorganismos acuáticos en cuestión de horas.
En los campos ocurre algo similar: estos químicos alteran la vida microscópica de suelo y frenan la germinación de algunas plantas. Más allá de ser basura desagradable a la vista, las colillas son auténticas bombas de contaminación química constante y silenciosa.
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El fuego que nunca se apaga
Como mencioné en mi columna anterior, Hidalgo bajo el humo: Incendios forestales (https://infolibre.com.mx/hidalgo-bajo-el-humo-incendios-forestales/), las colillas mal apagadas representan una de las causa más frecuente de incendios. En lugares como Pachuca y sus alrededores, donde el viento y la sequía son constantes, arrojar una colilla encendida es jugar con fuego. Estamos poniendo en riesgo espacios como el Parque Nacional el Chico y los cerros que rodean la ciudad, por un segundo de distracción e inconsciencia.
Víctimas inocentes: La fauna
El impacto llega hasta aves, tortugas y pequeños mamíferos que suelen confundir las colillas con alimento. El resultado es: intoxicaciones graves, obstrucciones intestinales y la liberación de químicos directamente en sus organismos. Lo que para alguien es un desecho, para un animal puede significar la muerte.
¿Qué podemos hacer?
El cambio requiere de respeto por el espacio común. Un buen inicio podría ser no tirar colillas en las calles, parques o áreas naturales. Es vital recordar que: El sistema de alcantarillado no es un cenicero; todas las colillas que caen ahí terminan en nuestros ríos. Asegurarnos de apagarlas completamente, incluso si las tiras a la basura, el calor residual puede iniciar un incendio en el contenedor. Usar ceniceros portátiles, son económicos, seguros y evitan que lleves el olor en tus manos y ropa. Evitar fumar en áreas forestales, especialmente en temporadas de sequía.
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A veces pensamos que un pequeño gesto cotidiano no es relevante, pero la crisis ambiental que vivimos comenzó precisamente así. Es importante comprender que no hay residuos pequeños cuando el daño es tan grande. Cuidar el ambiente comienza por no dejar huella de nuestros hábitos.
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