Lo que tienes que saber
- La coordinación entre el ayuntamiento de Tenango de Doria, la Secretaría de Turismo y representantes del programa federal Cocina y Tradición de México, hizo posible reunir durante tres días a más de 100 artesanas en el Encuentro Nacional de Bordadoras y Bordadores, con el propósito, además, de reconocer la riqueza biocultural de las comunidades.
- La celebración del Día del Tenango no se limitó a la sierra, también llegó al Zócalo de la Ciudad de México, donde del 3 al 12 de abril se exhibió el tenango más grande del mundo.
- La falta de reconocimiento pleno, la escasa difusión, la ausencia de canales de venta directa y, sobre todo, la constante lucha contra el regateo, el plagio y la reventa, son problemáticas que enfrentan artesanas no solo del estado, sino del país.
Un poco más allá del Valle de Tulancingo, donde la neblina comienza a abrazar los cerros: la Sierra Otomí-Tepehua resguarda uno de los lenguajes de la identidad hidalguense: el bordado, que el pasado 8 de abril conmemoró el Día del Tenango con un evento que congregó a bordadoras y bordadores de varios estados del país.
Decenas de artesanas hicieron de la Plaza de Armas un escaparate vivo, mostrando que cada hilo, cada figura, cada combinación de colores es herencia, pero también resistencia.
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La coordinación entre el ayuntamiento de Tenango de Doria, la Secretaría de Turismo y representantes del programa federal Cocina y Tradición de México, hizo posible reunir durante tres días a más de 100 artesanas en el Encuentro Nacional de Bordadoras y Bordadores, con el propósito, además, de reconocer la riqueza biocultural de las comunidades.

Luis Felipe Sigüenza Acevedo, coordinador nacional del programa federal, lo sintetizó con precisión: “Hidalgo posee uno de los tesoros más extraordinarios de la diversidad cultural del país, basta recorrer los lienzos expuestos para entender que lo que aquí se preserva no es una técnica, sino una cosmovisión”.
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El bordado de tenango ha logrado posicionarse como un símbolo de identidad nacional, ya que en cada puntada los hilos y colores narran historias; las figuras esconden un fragmento del entorno: aves, venados, flores, montañas, pero también se revelan escenas de la vida cotidiana, sus celebraciones y creencias, convirtiendo telas en documentos vivos. Cada uno con esencia propia. Auténticas obras irrepetibles.

Trayectorias que trascienden fronteras
Un ejemplo de este alcance es María de los Ángeles, originaria de la comunidad de El Nanthe. Su historia no solo habla de talento, sino de persistencia. Con más de seis décadas dedicadas al bordado, ha logrado llevar el nombre de Hidalgo al ámbito internacional.

Su colaboración con la firma Carolina Herrera en la colección Resort 2025, presentada en 2024, es prueba de ello. Su participación como ponente en este encuentro cobra un valor especial: compartir el conocimiento acumulado, formar a nuevas generaciones para garantizar la continuidad.

La tradición no está peleada con la innovación, así lo demostraron también otros creadores como el pintor Hortencio Vargas Sevilla y las bordadoras Victoria Lucas Patricio y Rosemary Alvarado Lucas.
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En 2021, lograron algo que, a primera vista, podría parecer inusual: transformar el control de una consola de videojuegos Xbox en un lienzo para el tenango. La funda bordada integró elementos de la flora y fauna de la región, así como los colores característicos de la Sierra Otomí-Tepehua.

Del corazón la Otomí Tepehua al Zócalo capitalino
La celebración del Día del Tenango no se limitó a la sierra, también llegó al Zócalo de la Ciudad de México, donde del 3 al 12 de abril se exhibió el tenango más grande del mundo.

La pieza, de 15 metros de largo, está conformada por mil 275 fragmentos de lienzo bordados por maestras artesanas de la región. Su certificación por Guinness World Records, obtenida en 2019 durante el Tianguis de Pueblos Mágicos en Hidalgo, la convierte en un símbolo de lo que se puede lograr cuando el trabajo colectivo encuentra reconocimiento.

Sin embargo, no todo es celebración; la falta de reconocimiento pleno, la escasa difusión, la ausencia de canales de venta directa y, sobre todo, la constante lucha contra el regateo, el plagio y la reventa, son problemáticas que enfrentan artesanas no solo del estado, sino del país.

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Aquí es donde la narrativa institucional suele quedarse corta y el compromiso social debería hacerse presente para garantizar condiciones justas en el trabajo artesanal; adquirir artesanías no debería ser tendencia pasajera, sino una responsabilidad compartida, reconociendo a consciencia a quienes con paciencia y dedicación trabajan para garantizar que las tradiciones no se pierdan.
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