Lo que tienes que saber

  • Después de la Segunda Guerra Mundial llegó el cuarto mundial de la historia, teniendo como sede Brasil, un país que al ser local, soñaba con quedarse con la copa y en lugar, se quedaron con un mar de lágrimas, al perder en la gran final ante la “Garra charrúa”, consumándose de golpe y porrazo, la tragedia verdeamarella con el “Maracanazo”.
  • La posguerra se celebró en Brasil un certamen del que nadie dudaba que el anfitrión se quedaría con la Jules Rimet, pero no fue así, el “Maracanazo” se consumó y fueron muchas lágrimas las que se derramaron en el estadio “Maracaná”, que en ese tiempo fue diseñado para dar cabida a 200 mil asistentes.
  • Volviendo al “Maracanazo”, en la final se enfrentaron Brasil y Uruguay en un partido donde a los amazónicos solamente les bastaba un empate para convertirse por primera ocasión en campeones (el campeonato se definió por puntos en un cuadrangular donde participaron los finalistas, con Suecia y España), pero a Uruguay no le dieron el libreto y se “equivocó”.

La promesa de “Pelé” a su papá
1950, año del “Maracanazo”

Después de la Segunda Guerra Mundial llegó el cuarto mundial de la historia, teniendo como sede Brasil, un país que al ser local, soñaba con quedarse con la copa y en lugar, se quedaron con un mar de lágrimas, al perder en la gran final ante la “Garra charrúa”, consumándose de golpe y porrazo, la tragedia verdeamarella con el “Maracanazo”.

La posguerra se celebró en Brasil un certamen del que nadie dudaba que el anfitrión se quedaría con la Jules Rimet, pero no fue así, el “Maracanazo” se consumó y fueron muchas lágrimas las que se derramaron en el estadio “Maracaná”, que en ese tiempo fue diseñado para dar cabida a 200 mil asistentes.

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Tras un desangelado mundial de Francia 1938, al que muchos países del continente americano boicotearon en apoyo a Argentina y otros más europeos no asistieron por problemas políticos, fue Brasil 1950 quien permitió el retorno de la fiesta mundialista, toda vez que los campeonatos del 42 y 46 no se efectuaron por la Segunda Guerra Mundial.

México regresó a la competencia desde 1930, al haber sido eliminado sin jugar en Italia, luego por el boicot a Francia y posteriormente por la pausa por la guerra, de ahí que con mucha actitud se preparó y ganó su calificación en la zona de Concacaf.

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México, como ha sucedido en varias ocasiones, le tocó inaugurar el campeonato, enfrentando nada menos que a los cariocas con quien perdió 4-0, luego enfrentó a Yugoslavia perdiendo 4-1 y finalmente cayó 2-1 frente a Suiza, regresando con tres derrotas consecutivas y por lógica sin un solo punto y con un solo gol a favor anotado por Horacio Casarín ante Suiza.

Lo destacado fue la aparición de Antonio “Tota” Carbajal, quien por muchos años mantuvo el récord y mote del “Cinco Copas” al alinear en Brasil, Suiza 54, Suecia 58, Chile 62 e Inglaterra 66.

Volviendo al “Maracanazo”, en la final se enfrentaron Brasil y Uruguay en un partido donde a los amazónicos solamente les bastaba un empate para convertirse por primera ocasión en campeones (el campeonato se definió por puntos en un cuadrangular donde participaron los finalistas, con Suecia y España), pero a Uruguay no le dieron el libreto y se “equivocó”.

Brasil se puso adelante 1-0 en el segundo tiempo con gol de Fiacra, que puso a soñar a la fanaticada. Más tarde Alberto Shiaffino empató para los charrúas a uno y cuando los miles de aficionados estaban a punto de festejar el campeonato brasileño, Alcides Chiggia anotó el gol que le dio el triunfo a Uruguay, poniendo a llorar por años a la “torcida carioca”.

Existen muchas anécdotas de esta derrota en su casa y con su gente (como dice el doctor Wagner). Una de ellas, y se ha comprobado, es que para ese partido la selección brasileña utilizó un uniforme blanco y desde esa fecha jamás han vuelto a utilizar este color, concretándose al amarillo, verde y azul.

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La más icónica es para “Pelé”, quien en esa época era solo un niño y se cuenta que al ver llorar a su papá por la derrota le dijo, secándole las lágrimas: “Papá, ya no llores, te prometo que algún día ganaré una Copa del Mundo y será para ti”; y lo cumplió, y no solo una sino… Bueno, esa ya es otra historia.

Hasta la próxima.

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