Foto: Carlos Sevilla

Lo que tienes que saber

  • A un costado del Reloj Monumental de Pachuca, en plena calle Doria, el bar La Chata encontró su ritmo… y no lo soltó.
  • Lo que comenzó como una propuesta tranquila de tacos de guisado y sobremesas largas, hoy es un bar que late al compás del sonidero y la noche hidalguense.
  • la cocina elaborada dio paso a snacks, la coctelería tomó fuerza y el lugar comenzó a definirse por su energía más que por su menú.

A un costado del Reloj Monumental de Pachuca, en plena calle Doria, el bar La Chata encontró su ritmo… y no lo soltó. Lo que comenzó como una propuesta tranquila de tacos de guisado y sobremesas largas, hoy es un bar que late al compás del sonidero y la noche hidalguense.

Un origen que cambió de rumbo

Cuando abrió en 2019, la idea era simple: una lonchería de ambiente familiar donde la comida fuera protagonista. Sin embargo, algo no terminaba de conectar. La clientela pedía otra cosa: más música, más ambiente, más noche.

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El punto de quiebre llegó en mayo de 2021, con su mudanza a la ubicación actual. Ahí, el concepto evolucionó de forma natural: la cocina elaborada dio paso a snacks, la coctelería tomó fuerza y el lugar comenzó a definirse por su energía más que por su menú.

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El ritmo que lo define

Los primeros intentos con música en vivo no lograron enganchar. Fue hasta la llegada de DJs —y especialmente el sonido sonidero— que La Chata encontró su identidad.

Foto: Carlos Sevilla

Hoy, el bar tiene dos momentos claros: por la tarde, un ambiente relajado con electrónica y pop; por la noche, a partir de las 7:00 PM, una pista que se llena con sonidero y corridos tumbados. El lugar se transforma y el plan cambia: aquí se viene a bailar.

Lo que manda en la mesa

La cerveza es la protagonista absoluta: micheladas de litro y tritones de hasta 5 litros dominan el consumo. En coctelería, los “azulitos” encabezan las preferencias, seguidos por palomas, vampiros y las ya clásicas “panteras rosas”.

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En la cocina, aunque el menú es más sencillo, mantiene fuerza. Las alitas y costillas son las más recomendadas, acompañadas de hamburguesas y papas a la francesa que cumplen perfecto para la noche.

Entre la vista y el ambiente

Ubicado en pleno centro histórico, el bar se nutre tanto de locales como de turistas que llegan desde los hoteles cercanos. La dinámica no es sencilla —los horarios son estrictos—, pero el flujo constante mantiene el lugar en movimiento.

Foto: Carlos Sevilla

A eso se suma su terraza, uno de sus mayores atractivos: una vista privilegiada al Reloj que termina de redondear la experiencia. Aquí, el barrio y el visitante coinciden sin esfuerzo, entre luces, música y vasos al centro.

La recomendación

Si buscas un lugar sin complicaciones, con buena música, tragos rendidores y una vista que se roba la noche, La Chata es parada obligada. La tarde es tranquila… pero la noche se baila.

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