Lo que tienes que saber
- Quemas agrícolas fuera de control (prácticas de quema de rastrojos que por un descuido o un cambio repentino en el viento, saltan hacia el bosque o el cerro), descuidos urbanos (colillas arrojadas a baldíos o a las orillas de las carreteras que, además de provocar incendios, contaminan gravemente el suelo y el agua), manejo del suelo (el uso del fuego para limpiar terrenos como la técnica de roza, tumba y quema, sin las medidas de seguridad necesarias), basura en terrenos abandonados (especialmente los desechos con grasas y vidrios que, bajo el sol, actúan como lupas o combustibles inmediatos).
- Hidalgo ha sido señalado como una de las entidades con más incendios en ecosistemas sensibles, lo que confirma la fragilidad ambiental por la que atraviesa el Estado.
- Evitar hacer fogatas o quemas agrícolas principalmente en temporadas de sequía y vientos extremos, apagar adecuadamente sus colillas de cigarro, no tirar residuos en cerros o el campo, reportar de inmediato cualquier columna de humo a las autoridades locales y limpiar los alrededores de nuestras viviendas, retirando la vegetación seca que pueda servir como combustible.
Los incendios forestales se han vuelto una constante en los alrededores de Pachuca y diversos municipios del Estado. En lo que va del 2026, ya suman aproximadamente 29 incendios que han afectado cerca de 400 hectáreas de vegetación en zonas como Pachuca, Epazoyucan, Singuilucan, Tula y Tulancingo.
Para comprender la magnitud, debemos mirar atrás: el 2025 cerró con más de 150 incendios que dejaron cicatrices profundas en nuestros bosques y pastizales, afectando incluso la zona metropolitana de la capital hidalguense. El fuego no solo quema árboles, consume nuestro entorno vital y el aire que respiramos.
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Principales causas: El factor humano
Aunque existen causas naturales que son inevitables, como la fuerte irradiación solar y las sequías prolongadas, las cifras oficiales señalan que el factor humano es el principal detonador.
Casi el 95% de los incendios forestales son provocados por actividades antropogénicas y entre las más frecuentes, figuran: Quemas agrícolas fuera de control (prácticas de quema de rastrojos que por un descuido o un cambio repentino en el viento, saltan hacia el bosque o el cerro), descuidos urbanos (colillas arrojadas a baldíos o a las orillas de las carreteras que, además de provocar incendios, contaminan gravemente el suelo y el agua), manejo del suelo (el uso del fuego para limpiar terrenos como la técnica de roza, tumba y quema, sin las medidas de seguridad necesarias), basura en terrenos abandonados (especialmente los desechos con grasas y vidrios que, bajo el sol, actúan como lupas o combustibles inmediatos).
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De acuerdo con el Comité Estatal del Manejo del Fuego, un porcentaje alarmante de estos incendios son intencionales. Esto nos obliga a recapacitar sobre la falta de conciencia y respeto hacia nuestro entorno.
Los costos de las llamas: Más allá de los árboles quemados
Las afectaciones son múltiples y nos perjudican a todos: Cuando la vegetación se consume, perdemos hábitats de especies silvestres y nuestra capacidad natural de regular el clima y el agua disminuye drásticamente.
Sin embargo, el impacto más inmediato es la salud. El humo que actualmente cubre la ciudad irrita los ojos y daña las vías respiratorias, agravando enfermedades como el asma y dificultando la respiración para población más vulnerable: niños y adultos mayores. En el 2025, la agresividad del fuego fue tal que incluso obligó la evacuación de familias de sus viviendas.
Un entorno frágil
La combinación de vegetación seca, vientos fuertes y olas de calor generan el escenario perfecto para un siniestro grave. Hidalgo ha sido señalado como una de las entidades con más incendios en ecosistemas sensibles, lo que confirma la fragilidad ambiental por la que atraviesa el Estado. Aunque no todos los incendios se asocian directamente al cambio climático, es evidente que el calor extremo está volviendo a nuestros ecosistemas mucho más vulnerables.
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¿Qué se está haciendo?
Hoy diferentes brigadistas de CONAFOR, personal de SEMARNATH, cuerpos de bomberos y Protección Civil trabajan coordinadamente en campo, arriesgando su integridad para detener el avance del fuego. Su labor se complementa con campañas que prohíben fogatas y regulan la quema de basura, pero ellos no pueden hacerlo solos: la conciencia y la prevención por parte de la población tiene un gran peso.
Algunas recomendaciones
Proteger nuestro entorno es una responsabilidad compartida: Evitar hacer fogatas o quemas agrícolas principalmente en temporadas de sequía y vientos extremos, apagar adecuadamente sus colillas de cigarro, no tirar residuos en cerros o el campo, reportar de inmediato cualquier columna de humo a las autoridades locales y limpiar los alrededores de nuestras viviendas, retirando la vegetación seca que pueda servir como combustible.
Por último, mantenernos alertas ante las indicaciones oficiales. Prevenir un incendio es mucho más fácil que combatirlo; no permitamos que el descuido genere más daños a nuestro entorno.
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