KATHYA MORENO“La famosa Hacienda Chimalpa alberga una leyenda al amor prohibido…”.

Los ingredientes autóctonos como los gusanos de maguey, el garambullo y los quelites cobran protagonismo en platillos que han sido transmitidos de generación en generación.

En los últimos años, el turismo ha evolucionado. Ya no basta con visitar sitios históricos o disfrutar de paisajes espectaculares; los viajeros buscan experiencias auténticas, y la gastronomía se ha convertido en una de las principales motivaciones para explorar nuevos destinos. Hidalgo, con su vasta oferta culinaria, tiene el potencial de consolidarse como un referente en este sector.

La cocina hidalguense es una joya culinaria que ha sabido resistir el paso del tiempo, conservando tradiciones ancestrales y conquistando paladares con su riqueza de sabores. Desde los emblemáticos pastes de Real del Monte hasta el suculento ximbó y los exquisitos escamoles, la gastronomía de Hidalgo es un reflejo de su historia, su geografía y su gente. Pero más allá de ser un deleite para el gusto, la cocina tradicional hidalguense es una poderosa herramienta para el desarrollo del turismo gastronómico.

Cada platillo hidalguense cuenta una historia. Los pastes, por ejemplo, narran la influencia de los mineros ingleses que llegaron en el siglo XIX, mientras que el ximbó, cocido bajo tierra, nos remonta a las tradiciones prehispánicas de los pueblos otomíes. Los escamoles, el llamado “caviar mexicano”, representan el ingenio y la relación del pueblo hidalguense con su entorno. Cada bocado es un viaje en el tiempo, una conexión con la identidad de la región.

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Uno de los destacados de la riqueza gastronómica hidalguense es la exótica cocina tradicional de Santiago de Anaya, un municipio conocido por su famoso concurso de gastronomía indígena. Aquí, los ingredientes autóctonos como los gusanos de maguey, el garambullo y los quelites cobran protagonismo en platillos ancestrales. Este evento anual no solo preserva la herencia culinaria de la región, sino que también atrae turistas ávidos de conocer sabores únicos y auténticos, convirtiéndose en un motor clave del turismo gastronómico en Hidalgo.

Aprovechar la cocina tradicional como un atractivo turístico requiere esfuerzos coordinados. Es fundamental apoyar a los productores locales, rescatar recetas tradicionales y promover festivales gastronómicos que pongan en alto la riqueza culinaria del estado. Finalmente, esta cocina pertenece a los jóvenes, quienes están encargados de prevalecer los manjares ancestrales, evitando que se extingan las materias primas.

El turismo gastronómico no solo impulsa la economía local, sino que también fortalece el sentido de identidad y pertenencia de los habitantes. Además, se presenta como el camino ideal para cuidar las especies endémicas de la región, tanto de flora como de fauna. Cuando los visitantes descubren los sabores de Hidalgo, también descubren su historia, su cultura y la calidez de su gente. En un mundo donde la comida es un lenguaje universal, Hidalgo tiene mucho que decir y, sobre todo, mucho que ofrecer en cada plato.

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