Lo que tienes que saber

  • “Hoy es el día”… es el mensaje que publicó Osmar, de 15 años de edad, en su cuenta de Instagram, horas antes de disparar a dos maestras de la preparatoria Antón Makárenko en el municipio de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, vestido de color negro y grabando frente a un espejo, mostró el arma homicida con la que asesinaría a María del Rosario y Tatiana, un fusil AR-15.
  • Y es que desde el adultocentrismo, en muchas ocasiones se ignoran sentimientos, opiniones y las crisis de identidad propias de la edad, lo que da pie a que jóvenes con sentimiento de soledad y exclusión encuentren en estos espacios digitales una falsa sensación de pertenencia.
  • Aunque la incidencia de casos de violencia y asesinatos aún es reducida en México, Amnistía Internacional propone que la radicalización incel se puede prevenir combinando educación en igualdad, educación sexual integral, apoyo en salud mental y políticas claras de las plataformas digitales para frenar la difusión del odio, la desinformación y los contenidos que enaltecen la violencia.

“Hoy es el día”… es el mensaje que publicó Osmar, de 15 años de edad, en su cuenta de Instagram, horas antes de disparar a dos maestras de la preparatoria Antón Makárenko en el municipio de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, vestido de color negro y grabando frente a un espejo, mostró el arma homicida con la que asesinaría a María del Rosario y Tatiana, un fusil AR-15.

En la investigación, el fiscal de Michoacán, Carlos Torres Piña, detalló que el menor agresor es simpatizante de comunidades digitales identificadas como “Incel” y que logró ingresar con el arma oculta en un estuche de guitarra.

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El 22 de septiembre de 2025, en el CCH Sur de la UNAM, un estudiante identificado como Lex Asthon, de 19 años, asesinó a otro alumno de 16 años con una guadaña, e hirió a un trabajador quien intentó quitarle el arma y detener el ataque.

Previo a la agresión, Lex Asthon también hizo pública la agresión en su cuenta de Facebook y fue a través de su contenido digital que se identificó que pertenecía a la comunidad “Incel”.

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La palabra “Incel” proviene del inglés involuntary celibate, es decir, célibe involuntario. Quienes se identifican con este término afirman vivir sin relaciones sexuales ni afectivas, a pesar de desearlas. Lo que comenzó como un espacio para compartir frustración emocional y aislamiento social ha derivado con el tiempo en una subcultura profundamente misógina y peligrosa.

De acuerdo con Amnistía Internacional, los discursos incel se construyen a partir de ideas profundamente misóginas, culpabilizan a las mujeres del malestar masculino y las consideran responsables de su frustración sexual y emocional.

También desprecian a otros hombres por su “superioridad”: al considerarlos hombres exitosos en sus relaciones, son vistos como enemigos por su supuesto privilegio genético y enaltecen la violencia como venganza, legitimando la agresión como respuesta a un supuesto maltrato social.

Los jóvenes son el sector más vulnerable, especialmente después de la pandemia por Covid-19, cuando el aislamiento digital se acrecentó, sumado a la constante exposición en plataformas digitales en donde los llamados “influencers” monetizan a través de la difusión de esta ideología.

Estos sucesos nos hacen cuestionarnos la importancia de la atención que proporcionamos en casa y en el entorno social y escolar que viven los adolescentes. Y es que desde el adultocentrismo, en muchas ocasiones se ignoran sentimientos, opiniones y las crisis de identidad propias de la edad, lo que da pie a que jóvenes con sentimiento de soledad y exclusión encuentren en estos espacios digitales una falsa sensación de pertenencia.

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Aunque la incidencia de casos de violencia y asesinatos aún es reducida en México, Amnistía Internacional propone que la radicalización incel se puede prevenir combinando educación en igualdad, educación sexual integral, apoyo en salud mental y políticas claras de las plataformas digitales para frenar la difusión del odio, la desinformación y los contenidos que enaltecen la violencia.

A pesar de que no todas las personas identificadas como incels cometen delitos, sí hay un riesgo latente de normalizar la violencia y los discursos de odio contra las mujeres, con altas probabilidades de incrementar casos de feminicidios.

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