Antares Cervantes

Lo que tienes que saber

  • Es un mapa complejo donde cada subgénero define su identidad por el uso del ritmo, la afinación, la voz y el discurso.
  • El metalcore y el deathcore cruzan el metal extremo con el hardcore, privilegiando la ruptura rítmica y la intensidad física.
  • El death metal suicida y extremo suicida hace poesía sobre la enfermedad mental, inseguridad, miedo, dolor, incomprensión, soledad, depresión, misantropía y suicidio, con relatos basados en experiencias personales no gratas de sus intérpretes.

Hablar de metal como si fuera un solo género es un error de origen. Desde su nacimiento, esta música se fragmentó en corrientes que responden a contextos, actitudes y decisiones estéticas distintas. El metal no es un bloque; es un mapa complejo donde cada subgénero define su identidad por el uso del ritmo, la afinación, la voz y el discurso.

El heavy metal tradicional estableció la base: riffs claros, estructura heredada del blues y una épica directa. Bandas como Black Sabbath, Judas Priest o Iron Maiden fijaron el equilibrio entre potencia y melodía. A partir de ahí surgió el thrash metal, que aceleró los tempos, endureció la ejecución y añadió un enfoque crítico; su sonido es seco, técnico y frontal. Metallica, Slayer, Megadeth y Anthrax marcaron esa escuela.

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El death metal empujó los límites hacia la brutalidad: afinaciones graves, voces guturales y una temática centrada en la muerte y lo corporal. En contraste, el black metal eligió la atmósfera: producción cruda, tempos variables y una estética que privilegia lo ritual, lo pagano y lo nihilista. Ambos representan visiones opuestas del extremismo sonoro.

El doom metal ralentizó el pulso para enfatizar pesadez y fatalismo, mientras el power metal apostó por velocidad limpia, voces agudas y narrativas épicas. El progressive metal, por su parte, introdujo complejidad estructural, cambios métricos y una ambición conceptual cercana a la música académica.

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En terrenos más híbridos aparece el groove metal, con riffs marcados y cadencias repetitivas; el industrial metal, que incorpora electrónica y mecánica rítmica; y el nu metal, que prioriza textura, afinaciones bajas y una relación más directa con la cultura urbana. El metalcore y el deathcore cruzan el metal extremo con el hardcore, privilegiando la ruptura rítmica y la intensidad física.

Existen también vertientes más específicas: el folk metal, que integra tradiciones regionales; el symphonic metal, que utiliza arreglos orquestales; el avant-garde metal, que rompe deliberadamente la forma; y el sludge, que combina pesadez, distorsión y desgaste emocional. El death metal suicida y extremo suicida hace poesía sobre la enfermedad mental, inseguridad, miedo, dolor, incomprensión, soledad, depresión, misantropía y suicidio, con relatos basados en experiencias personales no gratas de sus intérpretes.

El Metal tiene un árbol genealógico inmenso, conforme pasa el tiempo surgen nuevas propuestas y diferentes fusiones respetando sus bases. En la actualidad existe una gran diversidad de subgéneros como el vikingo, gótico y prehispánico, entre muchos otros.

Cada subgénero del metal responde a una elección consciente: cómo sonar, qué decir y a quién incomodar. Lejos de ser ruido sin dirección, el metal es un lenguaje técnico, fragmentado y exigente, cuya diversidad revela una constante: la búsqueda de identidad a través del sonidoPrincipio del formularioFinal del formulario.

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