Lo que tienes que saber
- En esta vialidad, que actualmente se encuentra cerrada por obras, locales de venta de pollo realizan su limpieza diaria vertiendo el agua residual directamente hacia las excavaciones de la obra y en las coladeras.
- Es una constante en calles como Salazar (frente al DIF Estatal), en Nicolás Romero (a la salida del mercado Barreteros) o Abasolo (antes de llegar al Bar “La Barata”) y en muchas otras zonas de la ciudad.
- En Pachuca, parece que nos hemos resignado a vivir entre olores fétidos y la pregunta obligada es ¿En qué momento dejamos de exigir condiciones mínimas de salubridad en nuestro entorno.
El foco de contaminación en pleno centro
El pasado 29 de diciembre de 2025, a través de la página de Facebook El Gallito Noticias Oficial, se hizo una denuncia ciudadana urgente: en la calle Ocampo, en el primer cuadro de Pachuca, la situación es crítica. En esta vialidad, que actualmente se encuentra cerrada por obras, locales de venta de pollo realizan su limpieza diaria vertiendo el agua residual directamente hacia las excavaciones de la obra y en las coladeras.
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Estos residuos, lejos de evaporarse o drenarse, quedan estancados, generando no solo inseguridad para los transeúntes, sino un foco de riesgo sanitario, al tratarse de materia orgánica en descomposición mal gestionada.
Una voz entre miles de silencios
Esta denuncia es mucho más que un caso aislado, es el grito de una ciudadanía que se atreve a nombrar lo que miles padecemos, pero pocos denunciamos. La calle Ocampo es de gran afluencia y la mayoría nos hemos percatado de esta situación. Hemos sentido el asco, la molestia y la inseguridad de caminar por banquetas invadidas por estos líquidos. Sin embargo, a pesar de padecerlo, solemos pasar de largo y en silencio.
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Este problema de charcos de lixiviados no es exclusivo de Ocampo. Es una constante en calles como Salazar (frente al DIF Estatal), en Nicolás Romero (a la salida del mercado Barreteros) o Abasolo (antes de llegar al Bar “La Barata”) y en muchas otras zonas de la ciudad. Pachuca se está convirtiendo en un mapa de focos rojos de contaminación.
Cuando lo peligroso se vuelve cotidiano
Estas malas prácticas afectan nuestra vida diaria de formas que ya ni cuestionamos: nos vemos obligados a bajar de la banqueta sorteando autos, nos exponemos a caídas por superficies resbalosas y respiramos olores fétidos persistentes. No es solo un problema estético o ambiental; es un tema también de movilidad urbana, salud pública y el derecho al libre tránsito y un espacio limpio.
De “agua sucia” a riesgo sanitario
Es vital comprender que estos charcos no son solo “agua sucia y mal oliente”. Son una mezcla de vegetales, sangre, grasas y restos cárnicos que, al mezclarse con la lluvia y agua, forman un caldo de cultivo contaminante. Al evaporarse, liberan gases, y lo que es peor, dispersan agentes patógenos como bacterias, virus, hongos y parásitos.
Como mencioné en mi columna anterior, Cuando la ciudad huele mal: el problema de los lixiviados en Pachuca (https://infolibre.com.mx/cuando-la-ciudad-huele-mal-el-problema-de-los-lixiviados-en-pachuca/), estos riesgos sanitarios urbanos son peligros potenciales que afectan directamente la calidad de vida de quienes habitamos la ciudad.
La violencia de la omisión institucional
Aquí es donde surge la pregunta incómoda: ¿Dónde está la autoridad? La COPRISEH (Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Hidalgo) es la institución encargada de protegernos mediante la regulación, vigilancia y control sanitario. En este caso, su labor debería ser la vigilancia y sanción de estos vertidos, pero hasta el momento brilla por su ausencia.
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La falta de acción ante un riesgo conocido es una forma de violencia por omisión. Al no intervenir, la autoridad traslada la carga del riesgo y las enfermedades a los vecinos y peatones. En Pachuca, parece que nos hemos resignado a vivir entre olores fétidos y la pregunta obligada es ¿En qué momento dejamos de exigir condiciones mínimas de salubridad en nuestro entorno?
El poder de la denuncia ciudadana
Denunciar no es exagerar; es ejercer nuestra ciudadanía. Si no alzamos la voz, sencillamente no existimos para quienes toman las decisiones. Visibilizar estos focos rojos en el mapa de nuestra ciudad es la única forma de defender el territorio urbano que nos pertenece a todos. No permitamos que la negligencia se convierta en parte del paisaje.



