Lo que tienes que saber
- Con el tiempo, ese flujo constante de obras antiguas, ediciones especiales y títulos descatalogados dejó de ser sólo un ejercicio solidario y comenzó a perfilarse como un acervo con valor histórico.
- De concretarse, Pachuca podría contar con un recinto único en la región, capaz de atraer a visitantes interesados en la historia editorial y en la preservación del patrimonio documental.
- la cultura no siempre nace de grandes presupuestos, sino de la convicción de que la memoria —impresa en papel— merece un lugar digno en la historia colectiva.
En medio del olor a papel antiguo y páginas subrayadas, Romualdo López Gutiérrez impulsa una idea que busca trascender el intercambio informal de textos: crear el primer Museo del Libro en Pachuca.
El proyecto nació de una práctica sencilla pero poderosa: el “cambalache de libros”, un espacio ciudadano donde las personas donan, intercambian y comparten ejemplares. Con el tiempo, ese flujo constante de obras antiguas, ediciones especiales y títulos descatalogados dejó de ser sólo un ejercicio solidario y comenzó a perfilarse como un acervo con valor histórico.
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La propuesta es clara: no se trata de abrir una biblioteca tradicional, sino de consolidar un museo especializado. La meta inicial es reunir al menos dos mil ejemplares que se consideren piezas representativas de la historia editorial y cultural. Cada libro sería tratado como objeto patrimonial, con procesos de curaduría, catalogación y conservación.
Para su impulsor, la diferencia es fundamental: aquí los libros no se prestarían, se exhibirían. El objetivo es que el público comprenda su dimensión histórica, artística y social; que observe cómo han evolucionado los formatos, las técnicas de impresión y las narrativas que han marcado distintas épocas.
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El corazón del proyecto es la participación ciudadana. El acervo dependerá principalmente de donaciones en especie y del trabajo voluntario de personas interesadas en apoyar en tareas como restauración, clasificación y montaje museográfico. La iniciativa no contempla aportaciones económicas; apuesta por el trabajo colectivo y la construcción comunitaria.
Sin embargo, el reto es mayúsculo. Formalizar el proyecto implica avanzar en aspectos legales y administrativos, además de conseguir un espacio físico adecuado que garantice condiciones óptimas para la preservación del material. Es el paso necesario para que la idea deje de ser aspiración y se convierta en institución cultural.
De concretarse, Pachuca podría contar con un recinto único en la región, capaz de atraer a visitantes interesados en la historia editorial y en la preservación del patrimonio documental. Pero, más allá del impacto turístico, la propuesta encierra un mensaje más profundo: la cultura no siempre nace de grandes presupuestos, sino de la convicción de que la memoria —impresa en papel— merece un lugar digno en la historia colectiva.



