Lo que tienes que saber

  • No es un secreto que, en Hidalgo y en el resto del país, los Ceresos, penales o cárceles -como se les quiera llamar- son un “nido de corrupción a cielo abierto”.
  • De ello puede dar testimonio, en experiencia, mi ex compañero y apreciado amigo Roberto Ramírez Tovar, quien, durante un aproximado de 30 años, se desempeñó como jefe de la Sección de Policía, en su estancia en EL SOL DE HIDALGO.
  • Basta recordar que, apenas en el mes de enero, al iniciar el año, hubo un operativo que dejó como resultado el decomiso de 54 equipos telefónicos, 89 tarjetas SIM (chips), 63 dispositivos de almacenamiento USB, 20 adaptadores micro USB y 13 tipo SD, así como 359 armas punzocortantes hechizas, dosis no cuantificadas de mariguana y cristal, y hasta pipas y cigarros electrónicos.

No es un secreto que, en Hidalgo y en el resto del país, los Ceresos, penales o cárceles -como se les quiera llamar- son un “nido de corrupción a cielo abierto”.

En su interior, durante los operativos de revisión, se han encontrado infinidad de cosas que están prohibidas. Desde teléfonos celulares y droga, hasta armas de fuego.

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Y la pregunta obligada es: ¿Cómo las ingresan?

Detrás de esta interrogante surgen en consecuencia otras más, no menos importantes, como: ¿Quién les facilita el acceso? ¿Cuánto se paga para que dejen entrar objetos y/o drogas? ¿En cuánto se rentan al interior? ¿Cómo se venden? ¿Entran por la entrada general de visitas a internos, o por los accesos del personal que labora ahí?

Las respuestas las tiene la autoridad misma, y hasta el momento, no se han dado a conocer.

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En 30 años de trabajo periodístico, por lo menos 10 colaboré de forma directa con la fuente policiaca. Responsabilidad informativa que incluía también los penales.

Ahí pude conocer el penal de Pachuca, así como algunos otros, como el de Tulancingo, Tula, Huejutla y Tenango de Doria, por citar algunos.

No menos de 50 veces caminé por el patio central de internos y las oficinas administrativas de la “peni” de Pachuca. Saludé a personas conocidas que había cometido algún delito. Realicé entrevistas exclusivas, hice seguimiento de noticias y hasta regalé unas cuantas monedas a quienes, casi en el olvido, me pedían “pa’l chesco”.

Lo que se vivía, ahí, era una realidad. “Cuánto tienes, cuánto vales”.

De ello puede dar testimonio, en experiencia, mi ex compañero y apreciado amigo Roberto Ramírez Tovar, quien, durante un aproximado de 30 años, se desempeñó como jefe de la Sección de Policía, en su estancia en EL SOL DE HIDALGO.

Si alguien conoce del tema, es él.

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Sin embargo, nada, desde ese tiempo, parece haber cambiado. Funcionarios se van y otros llegan. Todos dicen que trabajan. Todos dicen hacer lo que les corresponde.

Los operativos siguen; los decomisos, también. Y la evidente corrupción, pues esa no se queda atrás….

Y si no, cómo se explica que siga apareciendo “de todo” al interior de un penal que está perfectamente vigilado, con supuestas “medidas extremas” de seguridad y con personal “altamente calificado”.

Basta recordar que, apenas en el mes de enero, al iniciar el año, hubo un operativo que dejó como resultado el decomiso de 54 equipos telefónicos, 89 tarjetas SIM (chips), 63 dispositivos de almacenamiento USB, 20 adaptadores micro USB y 13 tipo SD, así como 359 armas punzocortantes hechizas, dosis no cuantificadas de mariguana y cristal, y hasta pipas y cigarros electrónicos.

Dos meses después, apenas el pasado lunes, se llevó a cabo ooooootro operativo sorpresa, pero esta vez de manera simultánea en los penales de Pachuca y Tulancingo.

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En el interior de ambos lugares se decomisaron, ahora: 22 teléfonos celulares, 15 “chips”, 96 armas punzocortantes hechizas y 126 dosis de supuesta mariguana.

Hay que esperar a saber qué encuentran en el próximo operativo.

Porque todo parece indicar que, el negocio, sigue

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