Lo que tienes que saber

  • Atahualpa Yupanqui brilló con sutileza y elegancia que solo el campo y las raíces dan, poseedor de sabiduría que solo se encuentra en la naturaleza de sus pampas queridas, al recorrer a lomo de mula senderos, en las historias de dioses mayores y menores, en el vuelo de cóndores, el aire y el sonido de la quena.
  • Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Comendador de las Artes, Doctor Honorario por la Universidad de Córdoba, Argentina, Premio Konex de Brillante y Caballero de las Letras y las Artes en Francia, distinciones a las que se hizo merecedor.
  • Amor por la tierra, el origen, el folklore, mixtura en su caso, de quechuas y vascos, su amor por la guitarra, los versos y su gusto por Bach, Atahualpa Yupanqui era único, por esa razón Edith Piaf lo invitó a París, abriendo la puerta del Viejo Continente para él.

Hay personas que caminan por el mundo para aclamar su belleza. Otros osan abrir el corazón a palabras generosas y rimas, admiran con devoción paisajes, devoran apasionadamente con sensibilidad y respeto la naturaleza, siempre cambiante y viva, emocionándose a grado tal, que versos y coplas emanan a borbotones, dejándose envolver por esa sutil contemplación de la belleza. Son escasos los que tienen el valor de hablar con verdad, como Atahualpa Yupanqui.

Es la Argentina de 1908, tierra natal del más grande payador de todos los tiempos, Héctor Roberto Chavero Aramburu, quien vio la luz primera en Juan A. de la Peña, Pergamino.

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Guitarrista, cantautor, actor, payador… filósofo y poeta natural, que como pocos dejaba fluir sus versos y acompañado de su guitarra, para hablar de la belleza de la tierra, y de lo que él consideraba, los tres misterios de Argentina: La Pampa, la selva y La Cordillera de los Andes.

No todo fue fácil para Atahualpa Yupanqui, muchas veces a sus temas les quitaron su crédito, y la censura en su país se hacía presente. Él desarrolló amor por la sencillez, la afabilidad de los señalados, y voluntariamente se entregó a ser parte de lo que llamaba la Legión de los Anónimos, sin ego, ni imagen, porque artistas como él, son absolutamente luminosos, aunque traten de apagarlos. Tenía el valor de cantar, denunciar iniquidades, usar la voz con el estandarte de la verdad.

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Atahualpa Yupanqui brilló con sutileza y elegancia que solo el campo y las raíces dan, poseedor de sabiduría que solo se encuentra en la naturaleza de sus pampas queridas, al recorrer a lomo de mula senderos, en las historias de dioses mayores y menores, en el vuelo de cóndores, el aire y el sonido de la quena.

Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Comendador de las Artes, Doctor Honorario por la Universidad de Córdoba, Argentina, Premio Konex de Brillante y Caballero de las Letras y las Artes en Francia, distinciones a las que se hizo merecedor.

Amor por la tierra, el origen, el folklore, mixtura en su caso, de quechuas y vascos, su amor por la guitarra, los versos y su gusto por Bach, Atahualpa Yupanqui era único, por esa razón Edith Piaf lo invitó a París, abriendo la puerta del Viejo Continente para él. Murió en Nimes, Francia en 1992.

Su mote Atahualpa es en honor al último soberano Inca, Yupanqui significa contar, así que Atahualpa Yupanqui es, “El que vino de tierras lejanas para contar algo”.

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