Lo que tienes que saber
- Investigaciones científicas han documentado que el aumento de la temperatura y las sequías prolongadas debilitan la capacidad defensiva de los árboles, especialmente las coníferas como el oyamel (Abies religiosa), reduciendo su producción de resina, su principal mecanismo de defensa contra insectos perforadores.
- Miles de árboles han sido talados como parte del saneamiento fitosanitario, de acuerdo a la NOM-019-SEMARNAT-2017, que regula el combate a plagas forestales en México.
- se afecta la captura de carbono, la regulación hídrica y el hábitat de especies, incluyendo las que se encuentran protegidas bajo la NOM-059-SEMARNAT-2010.
Uno de los santuarios más emblemáticos de México, atraviesa una de sus crisis más complejas en décadas. No es una exageración: el Parque Nacional El Chico está enfermo. Hoy, varios de sus senderos se encuentran sin acceso al público. Áreas enteras, campamentos y centros de visitantes permanecen cerrados mientras se intenta frenar al descortezador.
El mensajero del desequilibrio
El protagonista es el gusano descortezador (Dendroctonus sp.), que no es un invasor externo. Como muchos otros organismos, el insecto forma parte del ecosistema del bosque en condiciones normales: coloniza árboles debilitados o viejos, acelera procesos de descomposición y contribuye al reciclaje de nutrientes. Los problemas surgen cuando el ecosistema se altera.
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Investigaciones científicas han documentado que el aumento de la temperatura y las sequías prolongadas debilitan la capacidad defensiva de los árboles, especialmente las coníferas como el oyamel (Abies religiosa), reduciendo su producción de resina, su principal mecanismo de defensa contra insectos perforadores. Bajo estas condiciones, los descortezadores se reproducen más rápido, amplían sus poblaciones y se convierten en plaga. Es decir, no es solo el insecto: es el bosque debilitado.
Entre el saneamiento y la sospecha
En El Chico, más de 500 hectáreas presentan afectaciones. Miles de árboles han sido talados como parte del saneamiento fitosanitario, de acuerdo a la NOM-019-SEMARNAT-2017, que regula el combate a plagas forestales en México. Técnicamente, la tala dirigida de ejemplares infestados busca frenar la propagación. Sin embargo, la percepción de la ciudadanía es muy distinta.
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Habitantes de comunidades cercanas han expresado sus inquietudes legítimas: ¿Todos los árboles derribados estaban realmente infectados? ¿Es saneamiento o es extracción de madera? La apertura de brechas y ampliación de caminos dentro del bosque ha alimentado sospechas sobre posibles proyectos de infraestructura que nadie ha confirmado, pero que todos tememos. Esta desconfianza es tan grave como la plaga misma.
Un síntoma de emergencia climática
Lo que pasa en El Chico no es un evento aislado, es un síntoma. Hidalgo ha registrado un aumento de plagas forestales en los últimos años, asociado a sequías más intensas y cambios climáticos regionales. Cuando un bosque pierde cobertura, no solo desaparecen árboles: se afecta la captura de carbono, la regulación hídrica y el hábitat de especies, incluyendo las que se encuentran protegidas bajo la NOM-059-SEMARNAT-2010. En general, se pierde el equilibrio del bosque.
El cierre del parque no es un simple inconveniente turísticos, es una señal de alerta ecológica. Que uno de los pulmones más importantes de nuestro estado limite su acceso por tiempo indefinido, habla de que el ecosistema se encuentra delicado.
Sanar el bosque y la desconfianza
Hoy, la discusión no puede quedarse únicamente en cuántos árboles se talan, sino en preguntarnos ¿Por qué el bosque llegó a este punto? ¿Qué papel ha jugado el cambio climático, la excesiva extracción de agua o la presión humana acumulada? Combatir la plaga sin restaurar las condiciones que la favorecieron sería solo una medida superficial.
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El Chico nos recuerda que los ecosistemas no colapsan de golpe. Se debilitan lentamente, hasta que un factor (como el descortezador) evidencia la fragilidad acumulada. El insecto es parte del bosque. La plaga es parte del desequilibrio. Y cuando el bosque enferma, también se enferma la confianza y el tejido social. Por eso, la restauración no puede ser solo forestal; tiene que ser social.
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