Lo que tienes que saber
- Este modelo de turismo surge con la intención de que más personas puedan acceder a experiencias recreativas, culturales y de descanso, sin que el factor económico sea una barrera.
- Se trata de crear condiciones para que adultos mayores, estudiantes, personas con discapacidad, familias de bajos ingresos o comunidades vulnerables también puedan disfrutar del derecho al esparcimiento y al turismo.
- Quizá ha llegado el momento de dejar de pensar que viajar es un privilegio para unos cuantos y comenzar a verlo como una experiencia que puede transformar comunidades enteras.
Durante mucho tiempo, viajar fue visto como un lujo reservado para unos cuantos. Parecía que conocer otros lugares, descansar, convivir con otras culturas o simplemente salir de la rutina era algo imposible para muchas familias. Sin embargo, existe un concepto que busca cambiar esa idea: el turismo social.
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Este modelo de turismo surge con la intención de que más personas puedan acceder a experiencias recreativas, culturales y de descanso, sin que el factor económico sea una barrera. No se trata únicamente de “viajar barato”; se trata de crear condiciones para que adultos mayores, estudiantes, personas con discapacidad, familias de bajos ingresos o comunidades vulnerables también puedan disfrutar del derecho al esparcimiento y al turismo.
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Viajar tiene beneficios emocionales importantes: reduce el estrés, fortalece vínculos familiares, mejora el estado de ánimo y genera nuevas experiencias que enriquecen la vida de las personas. Por eso no resulta casual que instituciones como el IMSS hayan impulsado programas de turismo social enfocados en adultos mayores, promoviendo el envejecimiento saludable y la convivencia comunitaria.
Pero el turismo social no solo beneficia a quienes viajan. También puede convertirse en una herramienta de desarrollo económico para las comunidades.
En Hidalgo, por ejemplo, existe un enorme potencial para impulsar un modelo de turismo social y comunitario. El estado cuenta con Pueblos Mágicos, corredores gastronómicos, balnearios, zonas naturales y comunidades indígenas con una riqueza cultural invaluable. Municipios como Huasca de Ocampo, Real del Monte, Tecozautla o Zimapán podrían integrarse aún más a estrategias accesibles para estudiantes, personas mayores y familias de escasos recursos.
Además, Hidalgo ya ha comenzado a posicionarse como referente en turismo comunitario y social, impulsando proyectos que fortalecen la identidad local y la economía regional.
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Una propuesta interesante para el estado podría ser la creación de rutas de turismo social subsidiadas parcialmente por alianzas entre gobierno, universidades y sector privado. Imaginar recorridos culturales de bajo costo para jóvenes, programas recreativos para adultos mayores o experiencias comunitarias que incluyan gastronomía local, talleres artesanales y contacto con la naturaleza no es una idea lejana: es una inversión social.
Porque cuando una persona viaja, no solo consume. También aprende, descansa, convive y amplía su manera de ver el mundo.
Claro que el turismo también enfrenta retos. Algunas personas consideran que ciertos destinos terminan saturados o que el turismo mal administrado puede afectar comunidades y elevar costos para los habitantes locales. Incluso en redes sociales existen opiniones encontradas sobre programas turísticos y Pueblos Mágicos. Por eso es importante hablar de un turismo responsable, sostenible y verdaderamente incluyente.
El turismo social no debería entenderse únicamente como entretenimiento. También es salud emocional, integración social y desarrollo económico.
Quizá ha llegado el momento de dejar de pensar que viajar es un privilegio para unos cuantos y comenzar a verlo como una experiencia que puede transformar comunidades enteras.
Porque conocer nuevos lugares no solo mueve personas. También mueve economías, historias y oportunidades.
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