Lo que tienes que saber
- Es en la llegada del Brandy en ambos países que encontramos un punto en común, pues arribó de la mano de los europeos, y su consumo ha sido constante durante el Virreinato de la Nueva España y posterior época independiente de México.
- Incluso, fue durante el reinado de Felipe V, a través de una Real Cédula de 1714, que la Corona Española prohibió la destilación y consumo de aguardiente, tan común en las Américas, como medida de protección para el Vino y el Brandy.
- Cabe mencionar que Sudáfrica y su tradición de destilación de Brandy se remonta al siglo XVII, con la llegada de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, y a lo largo del tiempo se ha consolidado una industria de clase mundial.
El día de hoy traigo para ti una historia inspirada en dos recetas que parecen hermanadas, tan similares como si tuvieran un origen común, sin embargo, ambas son interpretaciones independientes, separadas por miles de kilómetros y un océano entero, aunque en esta ocasión, el fútbol ha roto esa barrera.
Hablamos ni más ni menos que del “Licor de Tarta de Leche” (south african milk tart liqueur) y del trago mexicano hecho a base de rompope, conocido como: “Conejo”. Desde México y Sudáfrica, estas recetas comparten un par de ingredientes en común, el Brandy y la canela.
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Si bien ya hemos platicado anteriormente de la versión más popular del “Conejo” en la ciudad de Pachuca (y su variante “Conejo Pérez” de la cantina Versalles), en la cual se utiliza vodka, la receta más común en el resto del país también utiliza el brandy como base alcohólica.
Por un lado, en Sudáfrica, el postre traído por los Holandeses durante la colonia en el siglo XVII, tiene un día especial en el que es celebrado como parte de la gastronomía y cultura de aquella nación. Cada 27 de febrero se conmemora esta rica tradición expresada en una tarta (Melktert).
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Del lado mexicano (Conejo), pocas bebidas son tan representativas del proceso que nos dió origen como nación y que forjaron nuestra identidad y cultura. El ingrediente que hace especial a esta bebida es el Rompope, cuyo origen es una mezcla de ingredientes prehispánicos, como la vainilla, y del tradicional ponche de huevo europeo.

Esta bebida es un reflejo profundo del mestizaje que nos dio origen, el mismo que se refleja a través de nuestra gastronomía. Además, es en la ciudad de Puebla y sus conventos donde nace el Rompope, quizá por ello y dada la cercanía, su consumo es común en el estado de Hidalgo.
Es en la llegada del Brandy en ambos países que encontramos un punto en común, pues arribó de la mano de los europeos, y su consumo ha sido constante durante el Virreinato de la Nueva España y posterior época independiente de México.
Incluso, fue durante el reinado de Felipe V, a través de una Real Cédula de 1714, que la Corona Española prohibió la destilación y consumo de aguardiente, tan común en las Américas, como medida de protección para el Vino y el Brandy.
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Cabe mencionar que Sudáfrica y su tradición de destilación de Brandy se remonta al siglo XVII, con la llegada de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, y a lo largo del tiempo se ha consolidado una industria de clase mundial.

Ya sea con leche o con rompope, ambas versiones de la bebida comparten más que ingredientes. Comparten historias sobre su origen (tan distintas y tan parecidas), que se convierten en expresiones culturales, de arraigo, a través de notas cremosas, con toques amaderados, llenas de aroma y que proporcionan sabores que deleitan paladares en ambos lados del mundo.
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