Lo que tienes que saber
- Belleza que se desea de cualquier forma, como se busca la verdad, tras apariencias frívolas y banales de la sociedad insaciable de marcas, medidas anatómicas perfectas, eterna juventud, roles preconcebidos, insatisfacción, dismorfia corporal, hipersexualización, normalización de lo vulgar y soez, ilusión de perfección a base de filtros digitales e “inteligencia” artificial.
- En la historia de la humanidad, estereotipos de género han estorbado al desarrollo de muchas mujeres en el orbe, por ideas preconcebidas, usos y costumbres, ejemplo, la desatinada opinión llena de prejuicios por imagen y género, que expresó Artemio de Valle Arizpe, quien fue cronista de la Ciudad de México, respecto a Ángela Peralta, la cual cito textualmente.
- Aun cuando Artemio de Valle Arizpe aclama después la belleza de la voz de Ángela, es demasiado tarde para tratar de suavizar sus ásperos comentarios sobre el físico de la cantante, como si su cuerpo fuera yerro imperdonable.
A propósito del próximo día 8 de marzo…
Arte, deleite para los sentidos trastocados por sensibilidad, divinidad, virtuosismo. Belleza que se desea de cualquier forma, como se busca la verdad, tras apariencias frívolas y banales de la sociedad insaciable de marcas, medidas anatómicas perfectas, eterna juventud, roles preconcebidos, insatisfacción, dismorfia corporal, hipersexualización, normalización de lo vulgar y soez, ilusión de perfección a base de filtros digitales e “inteligencia” artificial.
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En la historia de la humanidad, estereotipos de género han estorbado al desarrollo de muchas mujeres en el orbe, por ideas preconcebidas, usos y costumbres, ejemplo, la desatinada opinión llena de prejuicios por imagen y género, que expresó Artemio de Valle Arizpe, quien fue cronista de la Ciudad de México, respecto a Ángela Peralta, la cual cito textualmente: “Era la diva mexicana, achaparrada, gorda, de un moreno indígena, con ojos de mirada estrábica, pero una voz extraordinaria…”, y sigue “…era la pobre señora de una fealdad imponente…”. Aun cuando Artemio de Valle Arizpe aclama después la belleza de la voz de Ángela, es demasiado tarde para tratar de suavizar sus ásperos comentarios sobre el físico de la cantante, como si su cuerpo fuera yerro imperdonable.
¿Con qué facultad calificamos parámetros de belleza y fealdad humana?
Ángela Peralta nació el 6 de julio de 1845, en la Ciudad de México, hija de Josefa Castera y Manuel Peralta.
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Desde niña fue talentosa, a los cuatro años repetía sin error cualquier tema en su tonalidad original.
Penurias económicas la llevan a trabajar como empleada doméstica. Todo mejora cuando se presenta en el Gran Teatro Nacional, interpretando a Leonora de El Trovador de Giusseppe Verdi, cautivando a la audiencia por siempre, con su voz.
El tema musical Galopa México fue compuesto por la soprano.
En España, Italia y París, perfecciona su voz, debutando en el teatro de Santa Radegunda y en La Scala. Logra interpretar papeles protagónicos de ópera con éxito, y regresa a México.
El 23 de agosto de 1883, Ángela Peralta cantó por última vez en el Teatro Rubio de Mazatlán, Sinaloa; su compañía quedó varada en este lugar por una epidemia de fiebre amarilla o cólera. Murió el 30 de agosto, días después de su presentación.
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Más allá de estereotipos de género, Ángela Peralta se convirtió, por méritos propios, en una Leyenda Ilustre, por su prodigiosa voz y gran talento como compositora.



