Lo que tienes que saber
- Aquello que llamamos contacto no consiste, en su nivel más profundo, en la colisión simple de dos durezas elementales, sino en una red de interacciones, campos, repulsiones y restricciones cuánticas.
- Si el agua no se adhiere a la piel del modo en que el sentido común la imagina, ¿qué significa mojarse.
- No se trata de oponer una realidad verdadera a una realidad falsa, como si una escala del ser cancelara a la otra.
Hay preguntas que no sólo amplían el conocimiento: lo conmueven. Preguntas que no agregan una respuesta más, sino que obligan a sospechar que lo más cotidiano encierra una profundidad inesperada. Una de ellas nace de algo tan simple como tocar.
Tocamos una mesa, sentimos el agua en la piel, rozamos una tela, apoyamos la mano sobre una pared. Todo en nuestra experiencia parece confirmarnos que vivimos en contacto con las cosas. El mundo se nos ofrece como cercanía, resistencia, textura, superficie. Y, sin embargo, cuando descendemos al nivel atómico y subatómico, esa certeza empieza a volverse extraña.
Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp y entérate de todas las noticias al instante
Porque en el fondo de la materia las cosas no ocurren como la intuición las imagina. Los átomos no son pequeñas esferas compactas chocando unas con otras como piedras invisibles. Aquello que llamamos contacto no consiste, en su nivel más profundo, en la colisión simple de dos durezas elementales, sino en una red de interacciones, campos, repulsiones y restricciones cuánticas.
Entonces aparece la inquietud: si en el nivel más íntimo de la materia no hay contacto en el sentido ingenuo del término, ¿qué significa realmente tocar? Si el agua no se adhiere a la piel del modo en que el sentido común la imagina, ¿qué significa mojarse? Y si lo más inmediato de la experiencia exige ser repensado, ¿qué clase de realidad habitamos?
SIGUE LEYENDO: El tejido invisible de la realidad
La respuesta precipitada sería desconfiar de la experiencia y llamarla engañosa. Pero esa conclusión es demasiado pobre. No se trata de oponer una realidad verdadera a una realidad falsa, como si una escala del ser cancelara a la otra. Se trata, más bien, de comprender que una misma realidad puede manifestarse de modos distintos según la escala desde la que se la mire.
En la escala humana, tocar sigue siendo tocar. El agua moja. El fuego quema. La piedra resiste. Nada de eso necesita ser revocado. Lo que cambia, al cambiar de escala, no es la realidad misma, sino el lenguaje con el que intentamos comprenderla.
La física no destruye el mundo vivido; revela su profundidad.
Algo semejante ocurre con la humedad. Una molécula aislada de agua no es húmeda. La humedad surge cuando innumerables moléculas interactúan con la piel, con la temperatura, con la fricción, con los receptores sensoriales y con la actividad integradora del sistema nervioso. Mojarse no es una ilusión. Es una realidad emergente: una cualidad que aparece cuando ciertos elementos entran en una determinada organización y son recibidos por un cuerpo capaz de sentirlos.
Eso vale para muchas de nuestras experiencias. El color, la suavidad, el calor, el sonido, la solidez. No son menos reales por no existir como propiedades primitivas en una partícula elemental. Son reales de otro modo: como manifestaciones de un orden más alto, como formas del encuentro entre el mundo y una conciencia encarnada.
TE PUEDE INTERESAR: De la Fenali y el recuerdo de Elena Garro
Tal vez ahí se encuentre una de las intuiciones más fecundas: la realidad no es plana. Tiene niveles, profundidades, registros distintos de inteligibilidad. En un nivel encontramos partículas, campos y fluctuaciones. En otro, moléculas, líquidos y estructuras químicas. En otro más, organismos, sistemas nerviosos y percepción. Y finalmente, en una región todavía más extraña, memoria, lenguaje, reflexión, conciencia.
No son mundos separados. Son distintas articulaciones de una misma realidad.
Y aquí aparece el verdadero vértigo: nuestro cerebro está hecho de la misma materia que intenta comprender. No pensamos desde fuera del universo. No somos una excepción suspendida sobre la naturaleza. Somos naturaleza. El sujeto que pregunta y el mundo sobre el que pregunta pertenecen al mismo tejido de realidad.
Eso no significa que las partículas, por sí mismas, piensen. Pensar no es una propiedad del componente aislado. Es una posibilidad que aparece cuando la materia alcanza cierto grado de organización, integración y autorreferencia. La conciencia no sería entonces una ruptura con la naturaleza, sino una de sus formas más complejas de despliegue.
Y acaso ahí se insinúe la idea más hermosa de todas.
No somos algo distinto del mundo cuántico intentando conocerlo; somos una de las formas en que el mundo cuántico ha llegado a ser capaz de interpretarse a sí mismo.
En nosotros, el universo no encuentra un espectador externo, sino un pliegue interior. Una curvatura de sí mismo donde la existencia se vuelve experiencia, y la experiencia se vuelve pregunta. La materia no deja de ser materia, pero adquiere el extraño poder de hacerse pensamiento; y el pensamiento, sin abandonar la naturaleza, adquiere la capacidad de volver sobre la naturaleza y preguntarse qué es.
SIGUE LEYENDO: El mar grita ayuda
Quizá nunca logremos una comprensión total. Tal vez nuestro conocimiento siga siendo siempre parcial, finito, revisable. Pero eso no disminuye el asombro: lo hace más hondo. Porque incluso una lucidez incompleta sigue siendo lucidez.
Y tal vez ésa sea nuestra dignidad más extraña: no estar frente al universo como extraños, sino dentro de él como una de sus voces más íntimas. No ser un accidente ajeno al orden del ser, sino uno de sus momentos más reflexivos.
Tal vez toda nuestra ciencia, toda nuestra filosofía y toda nuestra perplejidad ante el misterio no sean otra cosa que esto: el lento aprendizaje de una realidad que, en nosotros, comienza a volverse consciente de sí.
Para el código humano: Umberto Meneses PhD
- Museos de Tulancingo listos para visitantes en Semana Santa

- Cuando el universo aprende a mirarse

- De la Fenali y el recuerdo de Elena Garro


