Lo que tienes que saber
- Es decir, construye sus propios mitos y creencias a partir de un antecedente tan complejo como lo es el vampirismo y, a la par, desarrolla toda una correlación con lo que significa ser afrodescendiente en una época en la que las capas blancas no eran tan de paz, de los pocos productos originales que se pueden jactar de serlo.
- La experiencia que puede disfrutarse en una sala de cine es de otro mundo, la misma que se compagina con una banda sonora, a cargo de Ludwig Göransson, quien aprovecha los elementos del blues de esa época, con sonidos africanos, guitarras eléctricas e increíbles voces.
- Ninguno sobra, nadie está de adorno y cada uno lleva a buen puerto la historia que, a pesar de lo que se diga, logró un balance entre una película taquillera y un drama que se merece todas sus nominaciones.
Apenas el jueves se dieron a conocer las nominaciones a los premios Oscar de este año; la euforia para quienes seguimos al pie del cañón esta ansiada carrera llegó con sorpresas, ausencias y categorías nuevas, el sabor agridulce de una nominación para Guillermo del Toro que nunca llegó y las 16 menciones que Pecadores se ganó y que batieron récord.
Hablando de este último caso, recientemente me he encontrado con foros, TikToks, hilos y publicaciones que se preguntan: “¿Por qué la película dirigida por Ryan Coogler tuvo tantas nominaciones este año?” (Algunos afirman tajantemente que no se merecía tanto) y entonces es cuando digo: ningún chile les embona.
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El año pasado, Emilia Pérez fue la película más nominada con 13 menciones, cerca del entonces récord de 14 que habían tenido Titanic, All about Eve y La La Land. Todos sabemos que en nada, pero absolutamente en nada, se puede comparar una producción mal tratada desde su guion, sus actuaciones y su casting. Esto es comparable a producciones más elaboradas como el film de James Cameron o como el musical de Damien Chazelle.
Viendo que ahora resulta que nadie le encuentra mérito a la cinta protagonizada por Michael B. Jordan, aquí tan solo tres de 16 razones por las que Sinners debería ganar el 80 por ciento de sus cartas en la ceremonia número 98 de los Academy, tres razones de peso que sustentan el récord que acaba de romper.
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La primera, la narrativa que no intenta emular nada, ni clichés vampíricos, ni luchas raciales de años, por sí misma desarrolla una historia con el folclor propio de su naturaleza.
Es decir, construye sus propios mitos y creencias a partir de un antecedente tan complejo como lo es el vampirismo y, a la par, desarrolla toda una correlación con lo que significa ser afrodescendiente en una época en la que las capas blancas no eran tan de paz, de los pocos productos originales que se pueden jactar de serlo.
Segunda: la fotografía y la banda sonora; no por nada Ryan Coogler decidió filmar con cámaras IMAX y Ultra Panavision. La experiencia que puede disfrutarse en una sala de cine es de otro mundo, la misma que se compagina con una banda sonora, a cargo de Ludwig Göransson, quien aprovecha los elementos del blues de esa época, con sonidos africanos, guitarras eléctricas e increíbles voces. Una sola escena basta para saber cuál es la naturaleza y el encanto de Pecadores.
Y la última, que al parecer es la más cuestionable de todas las razones por las que está nominada: su cast. Michael B. Jordan logró darle su propia personalidad a cada uno de los gemelos que interpretó; no es poca cosa y se apoya de veteranos como Delroy Lindo, nuevas caras como Miles Caton y villanos intrigantes como Jack O’Connell; ninguno sobra, nadie está de adorno y cada uno lleva a buen puerto la historia que, a pesar de lo que se diga, logró un balance entre una película taquillera y un drama que se merece todas sus nominaciones; pero no se preocupen, para los que se desgarran las vestiduras, sepan que estadísticamente, el film de Warner podría no llevarse nada y eso sí es lamentable.
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Y como toda película y serie tiene un principio y un fin, así también llegamos a una conclusión en este espacio. Después de más de 50 entregas y mucho cine para hablar, hoy me despido de este espacio que fue mío por casi dos años, justo en plena temporada de Oscar, justo en un buen momento del séptimo arte, justo cuando tenía que pasar.
Me despido con un eterno agradecimiento a Carlos Sevilla, que confió en mí y me dio carta abierta para escribir sobre el amor de mi vida: el cine; un mundo apasionante y lleno de claroscuros que, aunque con un futuro poco visible, tiene todavía mucho que dar, mucho que contar y mucho que mostrar.
Que siempre viva el cine, larga vida a esas salas que lo honran, lo actúan, lo escriben, lo filman, lo editan y lo preservan en la memoria humana. Hoy toca partir de este espacio y me gusta pensar que no es un adiós, sino un hasta pronto, pero hasta entonces, ¡Corte y queda!



