Shareny Muñoz

Lo que tienes que saber

  • Y en medio de ese movimiento, lo educativo comienza a ajustarse silenciosamente en programas que se modifican, enfoques que se replantean y narrativas que buscan responder a un entorno cada vez más complejo.
  • Distintos análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) han advertido que los contextos de crisis, movilidad forzada y presión internacional impactan directamente en los sistemas educativos, no solo en infraestructura o cobertura, sino en la manera en que las nuevas generaciones comprenden el mundo.
  • Porque al final, lo que está en juego no es solo la posición de México en el mundo… sino la forma en que las nuevas generaciones aprenderán a habitarlo.

México no está en guerra, pero cada vez más decisiones que lo afectan se toman como si lo estuviera.

En los últimos años, la relación con Estados Unidos ha dejado de ser solo diplomática para convertirse en una negociación constante en temas de seguridad, migración y economía. Tan solo en 2025, más de 2.4 millones de encuentros con personas migrantes fueron registrados en la frontera sur estadounidense, según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

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Esa cifra no es solo un dato, es un ejercicio de presión. Presión sobre el territorio, sobre las instituciones y también, aunque pocas veces se diga, sobre la forma en la que se educa; porque la educación no ocurre aislada de su contexto, se moldea en él.

Cuando un país vive bajo tensión geopolítica, las prioridades cambian, los recursos se reorientan, las decisiones se aceleran. Y en medio de ese movimiento, lo educativo comienza a ajustarse silenciosamente en programas que se modifican, enfoques que se replantean y narrativas que buscan responder a un entorno cada vez más complejo.

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No siempre lo notamos, pero eso no implica que no esté ocurriendo. Distintos análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) han advertido que los contextos de crisis, movilidad forzada y presión internacional impactan directamente en los sistemas educativos, no solo en infraestructura o cobertura, sino en la manera en que las nuevas generaciones comprenden el mundo.

Y eso es clave, hoy, niñas, niños y jóvenes en México crecen en medio de un país que negocia constantemente su lugar en el escenario global. Escuchan sobre migración, seguridad y tensiones internacionales, pero rara vez reciben herramientas para entender lo que eso significa.

Una estudiante de bachillerato lo dijo recientemente con una claridad que no necesita teoría, “A veces siento que todo está pasando… pero nadie nos explica nada.

Esa sensación no es menor, es profundamente reveladora; porque nos muestra que, cuando el contexto no se comprende, se fragmenta. Y cuando se fragmenta, se vuelve difícil construir criterio.

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Ahí es donde la educación enfrenta uno de sus desafíos más urgentes, no solo enseñar contenidos, sino ayudar a leer el tiempo que se habita. Formar pensamiento crítico en un país bajo presión implica enseñar a distinguir entre discurso y realidad, entre información y narrativa, y entre aquello que se dice y lo que se vive.

Pero también implica algo más humano, implica no perder la sensibilidad; porque cuando todo se vuelve estrategia, control y negociación, existe el riesgo de que las personas (y especialmente las más jóvenes) aprendan a ver el mundo como un tablero, y no como un espacio compartido.

Y la educación no puede permitirse eso, pues como escribió Hannah Arendt, “la educación es el punto en el que decidimos si amamos lo suficiente al mundo como para asumir responsabilidad por él”.

Quizá hoy esa responsabilidad se ha vuelto más exigente, no basta con preparar para un empleo, ni con transmitir información; se trata de formar personas capaces de comprender un país en tensión sin perder su capacidad de pensar, de cuestionar y de sostener una mirada propia.

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Porque al final, lo que está en juego no es solo la posición de México en el mundo… sino la forma en que las nuevas generaciones aprenderán a habitarlo.

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