Antares Cervantes

Lo que tienes que saber

  • Su regreso a México convoca a quienes entienden el metal como una música que exige atención, no como un ruido de fondo.
  • Ir a ver a Megadeth no es un acto ceremonial ni una concesión al pasado.
  • Es elegir una forma de metal que no se disculpa, que no simplifica y que sigue sonando peligrosa porque está bien pensada.

Megadeth nunca fue una banda de acompañamiento. Su regreso a México convoca a quienes entienden el metal como una música que exige atención, no como un ruido de fondo. Dave Mustaine construyó su proyecto lejos del exceso gratuito: el thrash metal, en sus manos, se convirtió en un lenguaje preciso, afilado, incómodo, pensado para oyentes que saben distinguir entre potencia y desorden.

Desde Killing Is My Business… And Business Is Good! quedó claro que Megadeth no iba a jugar a lo seguro. Ahí nació un estilo rítmico agresivo, nervioso, que más tarde se consolidaría con Peace Sells… But Who’s Buying?, un disco que no solo definió una era, sino una postura: letras políticas, sarcasmo ácido y riffs que parecían escritos con regla. Luego vendría So Far, So Good… So What! y, finalmente, Rust in Peace, el punto más alto del thrash técnico, una obra que sigue siendo referencia obligada para cualquier guitarrista serio del género.

Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp y entérate de todas las noticias al instante

Megadeth no suavizó su propuesta con el paso del tiempo. Countdown to Extinction y Youthanasia ampliaron su alcance sin diluir identidad, demostrando que la banda podía ser directa sin perder complejidad. Incluso en etapas más modernas, con discos como Endgame, Dystopia o The Sick, the Dying… and the Dead!, la esencia se mantiene: velocidad controlada, estructuras exigentes y un discurso que no busca agradar, sino confrontar.

SIGUE LEYENDO: La cartografía del Metal

Ver a Megadeth en vivo es presenciar oficio. No hay improvisación caótica ni nostalgia condescendiente. Cada tema está ejecutado con precisión quirúrgica; cada solo cumple una función. Canciones como Holy Wars… The Punishment Due, Hangar 18 o Symphony of Destruction no se sostienen por el recuerdo, sino por su arquitectura musical. Por eso el público mexicano conecta tanto con la banda: aquí el metal se escucha con el cuerpo, pero también con la cabeza.

Las cifras acompañan sin definirlos: más de 38 millones de discos vendidos, décadas de giras constantes, un Grammy que llegó tarde pero fue coherente. Megadeth es, ante todo, una escuela. Una banda que demostró que el thrash metal puede ser feroz sin ser torpe, técnico sin ser frío, agresivo sin perder contenido.

Ir a ver a Megadeth no es un acto ceremonial ni una concesión al pasado. Es elegir una forma de metal que no se disculpa, que no simplifica y que sigue sonando peligrosa porque está bien pensada. Thrash metal para rockeros atentos, no para oídos distraídos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *