Lo que tienes que saber
- el Himno al Estado de Hidalgo se interpreta en todas las instituciones de educación básica como un elemento fundamental en la construcción de identidad de los hidalguenses.
- Su labor docente en el Conservatorio Nacional de Música, en la Ciudad de México, se extendió por cuatro décadas, formando a generaciones de músicos con rigor académico y sensibilidad artística.
- Este ejercicio no solo da nombre y apellido a quien con su trabajo construyó momentos en la histórica del Valle de Tulancingo, también se reconoce en vida la herencia que pertenece a todos.
El Valle de Tulancingo no solo se distingue por su riqueza gastronómica, sino también por ser cuna de personajes que han marcado la historia cultural del estado. Desde la Ciudad de los Satélites han emergido figuras de talla nacional e internacional, como Rodolfo Guzmán Huerta, mejor conocido como El Santo, el Enmascarado de Plata; el escritor y periodista Ricardo Garibay; y el ilustrador y cronista urbano Gabriel Vargas Bernal, creador de una de las historietas más emblemáticas del país.
Hoy, en Desde el Valle, la mirada se posa sobre otro nombre imprescindible en la historia cultural hidalguense: Roberto Oropeza Licona, autor de la música del Himno Oficial del Estado de Hidalgo y figura clave en la formación musical de generaciones enteras.

Hablar del Himno al Estado de Hidalgo es hablar de identidad y memoria colectiva. La creación de esta pieza data de 1964, cuando Oropeza Licona residía en Morelia, Michoacán, tras haber concluido su formación musical. En ese momento de la historia recibió la invitación del entonces secretario de gobierno estatal para participar en el concurso de composición del himno, ya que Hidalgo carecía de uno oficial.
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La letra, escrita por el maestro Genaro Guzmán Mayer, ganador del certamen literario convocado para tal fin, llegó a sus manos como un llamado emocional. Conmovido por la oportunidad de rendir homenaje a su tierra natal, aceptó el reto.
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“Me encerré tres días y en tres días hice el himno”, relató el autor de 90 años. Su trabajo musical fue revisado por su maestro de composición, Bonifacio Rojas, director de la Sinfónica de Morelia, quien reconoció la solidez técnica y el equilibrio estructural de la pieza.

Hoy, esa composición forma parte esencial de la formación cívica en el estado: el Himno al Estado de Hidalgo se interpreta en todas las instituciones de educación básica como un elemento fundamental en la construcción de identidad de los hidalguenses.
Un legado que trasciende fronteras
Aunque Tulancingo fue su origen, la trayectoria de Oropeza Licona trascendió el ámbito local. Su labor docente en el Conservatorio Nacional de Música, en la Ciudad de México, se extendió por cuatro décadas, formando a generaciones de músicos con rigor académico y sensibilidad artística.
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Su legado no se limitó a Hidalgo, sino también a Michoacán y a la capital del país, donde su trabajo como compositor y maestro dejó una huella profunda. Paradójicamente, tuvo que emigrar desde joven para profesionalizarse, ante la falta de opciones formativas en su tierra natal; sin embargo, su obra más emblemática fue, como él mismo ha expuesto, “un acto de gratitud hacia la tierra que lo vio nacer”.
Homenaje en Tulancingo
El pasado viernes, el Ayuntamiento de Tulancingo rindió homenaje a Roberto Oropeza Licona en reconocimiento a su trayectoria y aportación cultural. Como parte de la jornada conmemorativa, se develó una placa en la Escuela de Artes José Ma. Lezama y se ofreció una presentación especial con parte de su repertorio musical.
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Además, se anunció el desarrollo de un libro biográfico, así como la producción y digitalización de sus composiciones, una medida estratégica para garantizar la preservación y difusión de su obra entre las nuevas generaciones. Este ejercicio no solo da nombre y apellido a quien con su trabajo construyó momentos en la histórica del Valle de Tulancingo, también se reconoce en vida la herencia que pertenece a todos.
En un territorio que ha dado al país luchadores icónicos, escritores, deportistas, escultores y músicos, la figura de Roberto Oropeza Licona ocupa un lugar especial. Su música no solo acompaña ceremonias oficiales; es un símbolo sonoro de pertenencia.
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