KATHYA MORENO

Lo que tienes que saber

  • es el anuncio de que los carnavales están por llegar a Hidalgo, esa temporada en la que los pueblos se transforman, las calles se llenan de color y la memoria colectiva vuelve a bailar.
  • No es un espectáculo montado para el visitante —aunque el visitante siempre es bienvenido—, es una fiesta que nace desde la comunidad y para la comunidad.
  • Se vive con una carga simbólica profunda, donde integran música, danzas y vestimenta tradicional que dialogan con la cosmovisión indígena, recordándonos que estas fiestas también son una forma de agradecer a la tierra y pedir buenos ciclos.

Detrás de cada máscara hay una historia, detrás de cada danza hay generaciones que han resistido, celebrado y encontrado en la tradición una forma de decir “aquí seguimos”.

Ya se siente en el aire. No es solo el cambio de estación ni el ruido de los cohetes a lo lejos: es el anuncio de que los carnavales están por llegar a Hidalgo, esa temporada en la que los pueblos se transforman, las calles se llenan de color y la memoria colectiva vuelve a bailar.

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Hablar de carnaval en Hidalgo es hablar de identidad viva. No es un espectáculo montado para el visitante —aunque el visitante siempre es bienvenido—, es una fiesta que nace desde la comunidad y para la comunidad. Detrás de cada máscara hay una historia, detrás de cada danza hay generaciones que han resistido, celebrado y encontrado en la tradición una forma de decir “aquí seguimos”.

Los carnavales representan uno de los momentos más potentes del calendario cultural del estado. Miles de visitantes llegan atraídos por la música, los trajes, la gastronomía y la experiencia auténtica de convivir con los pueblos. Pero el verdadero impacto va más allá de la derrama económica: el carnaval activa oficios, fortalece el orgullo local y convierte a las comunidades en protagonistas de su propio relato.

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Los carnavales toman las calles con sus máscaras de madera, paliacates y pasos firmes. La sátira, la crítica social y el humor se mezclan con rituales que tienen raíces prehispánicas y coloniales. Se vive con una carga simbólica profunda, donde integran música, danzas y vestimenta tradicional que dialogan con la cosmovisión indígena, recordándonos que estas fiestas también son una forma de agradecer a la tierra y pedir buenos ciclos. El carnaval se vuelve ritmo, son y energía desbordada.

Lo más valioso de los carnavales hidalguenses es que no han perdido su esencia. Siguen siendo una plataforma para que las comunidades generen ingresos, fortalezcan la cohesión social y transmitan saberes que no caben en los museos. Cada disfraz confeccionado en casa, cada banda local, cada platillo preparado para el visitante, es una cadena de valor cultural que sostiene economías locales y preserva tradiciones.

Que vengan los carnavales. Que vengan las máscaras, la música y el encuentro. Hidalgo ya está listo para volver a bailar. 🎭✨

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