Lo que tienes que saber
- En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la agenda pública se colma de discursos sobre igualdad, derechos y erradicación de la violencia, sin embargo, en el Valle de Tulancingo, el 8M también es memoria viva y herida abierta.
- El triple feminicidio en Santiago Tulantepec se convirtió en un símbolo doloroso de la violencia feminicida en Hidalgo y en un punto de inflexión para colectivas y familiares que decidieron no permitir el olvido.
- El 8 de marzo no es una fecha festiva, es una jornada de exigencia, y en el Valle de Tulancingo, recordar el caso de Guadalupe, Yesenia y Daniela es confrontar la lentitud institucional.
En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la agenda pública se colma de discursos sobre igualdad, derechos y erradicación de la violencia, sin embargo, en el Valle de Tulancingo, el 8M también es memoria viva y herida abierta. A más de un año del triple feminicidio ocurrido en Santiago Tulantepec, la justicia para Guadalupe de Jesús N, Yesenia Joselin N y Vivian Daniela N sigue sin llegar.
El 30 de julio de 2024, en una vivienda de la colonia San Isidro, tres mujeres jóvenes fueron asesinadas en un crimen que cimbró no solo a sus familias, sino a toda la región. El triple feminicidio en Santiago Tulantepec se convirtió en un símbolo doloroso de la violencia feminicida en Hidalgo y en un punto de inflexión para colectivas y familiares que decidieron no permitir el olvido.
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El 8M y la memoria que incomoda
El 8 de marzo no es una fecha festiva, es una jornada de exigencia, y en el Valle de Tulancingo, recordar el caso de Guadalupe, Yesenia y Daniela es confrontar la lentitud institucional.
Marcial Sánchez Pérez y Balvina Garrido Reyes, padres de las hermanas Guadalupe, Yesenia, así como amigos y familiares decidieron honrar la memoria de las jóvenes con una emotiva despedida. “Ellas eran mis hijas, no se metían con nadie, eran personas trabajadoras, estudiosas y queridas. Pedimos justicia, que no se quede impune… queremos ver a esos desgraciados criminales tras las rejas”.
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La indignación no es retórica, sino el eco de una comunidad que acompañó marchas, vigilias y posicionamientos públicos. En marzo de 2025, durante la movilización convocada por la Colectiva Mujeres del Tule en Tulancingo, la madre de Daniela, Mónica Sepúlveda, viajó desde Tijuana, Baja California, para denunciar que, a siete meses del asesinato, los responsables continuaban sin sentencia.
Su estancia, planeada para unos días, se extendió semanas. Instaló un espacio en el kiosco del Jardín La Floresta, en el centro de Tulancingo, donde ofreció terapias de regeneración y expresión celular como forma de protesta pacífica. Más que un servicio, fue un acto de resistencia.
Reclasificación y proceso judicial: avances a medias
Las manifestaciones de familiares y colectivas feministas lograron un avance sustancial: la reclasificación de los delitos para que la línea de investigación y acción judicial en los tres casos fuera por feminicidio. Este punto no es menor. En un país donde la tipificación incorrecta ha diluido responsabilidades, el reconocimiento del feminicidio implica aceptar la violencia de género como móvil central.
Actualmente, los acusados permanecen bajo la medida cautelar de prisión preventiva oficiosa, impuesta el 11 de agosto de 2024 por el Juzgado Penal Acusatorio y Oral para el Segundo Circuito Judicial en Tulancingo. Dicha medida puede extenderse por el tiempo que dure el proceso, sin exceder dos años; es decir, vencería el 11 de agosto de 2026.
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Recordar hechos tan violentos obliga a una reflexión incómoda. ¿Qué deja en la comunidad un triple feminicidio sin sentencia? Deja miedo, sí, pero también normalización. Deja una peligrosa sensación de que el tiempo diluye responsabilidades y de que la presión social es la única garantía de avance.
En el contexto del 8M, ocasión en que los casos encuentran una ventana para ser vistos la pregunta no es solo qué hacen las autoridades, también qué hacemos como sociedad. ¿Acompañamos más allá de la marcha? ¿Exigimos transparencia en los procesos? ¿Seguimos los casos hasta su resolución?
El triple feminicidio de Santiago Tulantepec no es un episodio aislado; es un espejo de las fallas estructurales en la procuración de justicia y en la prevención de la violencia contra las mujeres en Hidalgo. La memoria colectiva del Valle de Tulancingo no puede permitirse el cansancio. Porque cuando la voluntad social se agota, la impunidad encuentra terreno fértil.
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