Lo que tienes que saber
- Lo que comenzó como un ejercicio casi espontáneo (una idea, un texto, una forma de compartir lo que sentía al jugar) poco a poco se convirtió en un hábito.
- Hablar de lo que me gustaba, de lo que recordaba, de lo que me hacía sentir bien.
- Hablar de un juego no era solo analizar su historia o su jugabilidad, sino recordar dónde estaba yo cuando lo jugué, con quién lo compartí, qué significaba en ese momento de mi vida.
Siempre en este espacio hemos hablado de mundos lejanos, héroes improbables, melodías inolvidables y aventuras que parecían no tener fin. Pero hoy no hay un juego en particular del que hablar. Hoy toca mirar hacia atrás. Porque, casi sin darme cuenta, han pasado 52 semanas desde que decidí sentarme a escribir sobre algo que me ha acompañado toda la vida: los videojuegos.
Lo que comenzó como un ejercicio casi espontáneo (una idea, un texto, una forma de compartir lo que sentía al jugar) poco a poco se convirtió en un hábito. En una rutina. En una necesidad. Semana tras semana, cada columna fue tomando forma no solo como análisis, sino como una especie de conversación conmigo mismo. Una forma de entender por qué ciertos juegos se quedan conmigo más allá de la pantalla.
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Al principio, escribir era simplemente describir. Hablar de lo que me gustaba, de lo que recordaba, de lo que me hacía sentir bien. Pero con el tiempo, entendí que los videojuegos son mucho más que eso. Son historias que se viven, decisiones que se toman, mundos que habitamos por horas y que, sin darnos cuenta, terminan formando parte de quienes somos.
Cada columna fue también un reflejo de una etapa. De un recuerdo. De una emoción. Hablar de un juego no era solo analizar su historia o su jugabilidad, sino recordar dónde estaba yo cuando lo jugué, con quién lo compartí, qué significaba en ese momento de mi vida. Y ahí fue cuando todo cambió. Porque dejé de escribir sobre videojuegos… y empecé a escribir sobre lo que los videojuegos significaban para mí.
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En este año pasaron muchas cosas. Volví a juegos que no tocaba desde la infancia, descubrí otros que no conocía, y confirmé algo que siempre había sentido: que la música, los personajes y los mundos que construyen los videojuegos tienen una forma muy particular de quedarse con nosotros. No como un recuerdo cualquiera, sino como algo vivo, algo que podemos volver a visitar en cualquier momento.
También entendí que no existe una sola forma de vivir este medio. Hay quien lo disfruta por el reto, quien lo hace por la historia, quien busca competir, quien solo quiere desconectarse un rato. Y todas esas formas son válidas. Porque al final, cada jugador construye su propia relación con los videojuegos, su propia historia dentro de ellos.

Si algo me deja este año es la certeza de que escribir sobre videojuegos no es hablar de entretenimiento. Es hablar de cultura, de identidad, de memoria. Es entender que detrás de cada partida hay una emoción, detrás de cada historia hay un mensaje, y detrás de cada jugador hay una experiencia única.
Y en lo personal, este camino también me cambió. Me obligó a detenerme, a pensar, a poner en palabras cosas que antes solo sentía. Me enseñó a valorar los detalles, a escuchar la música con otros oídos, a entender las historias con otra profundidad. Pero sobre todo, me confirmó algo que quizá siempre supe: que los videojuegos no solo se juegan… también se viven.
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También quiero hacer una pausa para agradecer a todo el equipo de Info Libre, por abrirme este espacio y darme la oportunidad de compartir estas historias semana a semana. Por confiar en este proyecto desde sus primeras líneas, cuando apenas comenzaba a tomar forma, y por permitirme crecer como autor dentro de un medio que apuesta por nuevas voces.
Hoy, un año después, no veo estas columnas como simples textos. Las veo como un recorrido. Como una colección de momentos, de recuerdos y de emociones que quedaron plasmadas semana a semana. Y aunque cada columna habla de un juego distinto, en el fondo todas cuentan la misma historia.
La mía.
Porque al final, no se trata solo de lo que jugamos…
sino de lo que esos juegos hicieron con nosotros.
Y si algo tengo claro después de este año es esto:
seguiré jugando, seguiré recordando…
y seguiré escribiendo.
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