Yazmín Salazar

Lo que tienes que saber

  • De acuerdo con las autoridades ambientales estatales, las principales causas de este colapso en Tula son la falta de mantenimiento, la escasez de presupuesto y como siempre sucede en proyectos encabezados por el gobierno, la raquítica planeación.
  • Sin embargo, el problema va más allá de los parches que se intentan poner a una estructura fracturada y a punto del derrumbe, como es la gestión de nuestros residuos.
  • En una entrega pasada de esta columna (La consulta que llegó tarde), desarrollé cómo en la región de Tula la población votó en contra del Parque Ecológico y de Reciclaje, no por ignorancia o venganza.

Una crisis que se veía venir

Tal como he insistido en este espacio, los colapsos tanto del basurero de Tula como el del Huixmi (y seguramente muchos más por venir), no son problemáticas que surgen repentinamente. Son parte de un mismo conflicto: la falta de visión sistémica. Es un problema de fondo, donde hasta el momento nos ha interesado más el deshacernos de nuestros residuos de forma rápida, sin hacernos responsables desde la generación de estos.

De acuerdo con las autoridades ambientales estatales, las principales causas de este colapso en Tula son la falta de mantenimiento, la escasez de presupuesto y como siempre sucede en proyectos encabezados por el gobierno, la raquítica planeación. Sin embargo, el problema va más allá de los parches que se intentan poner a una estructura fracturada y a punto del derrumbe, como es la gestión de nuestros residuos. En Tula, el colapso del basurero es solo una parte del problema; no olvidemos el pasivo ambiental en el sitio, donde convergen residuos sólidos urbanos e industriales, aguas negras, refinerías y cementeras.

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La población resistiendo un golpe ambiental más

En una entrega pasada de esta columna (La consulta que llegó tarde), desarrollé cómo en la región de Tula la población votó en contra del Parque Ecológico y de Reciclaje, no por ignorancia o venganza. El voto negativo seguramente se dio debido al hartazgo de ser el “patio trasero”, donde se han vertido gran parte de los residuos de diferentes municipios del estado y de zonas aledañas durante décadas.

El basurero ha llegado a su capacidad límite y la ciudad ahora se encuentra entre basura acumulada de al menos 14 diferentes municipios. Las autoridades han dado instrucciones concretas: no dejar basura en las calles y mantenerla en contenedores cerrados. Sin embargo, es importante visualizar los rostros humanos tras esta crisis: ¿Quiénes están viviendo junto a estos basureros?, ¿Quiénes recolectan la basura de nuestros domicilios, muchas veces en condiciones infrahumanas?, ¿Pensamos en dónde van a parar nuestros residuos cuando pedimos la comida para llevar? Por otro lado, están los políticos que discuten los presupuestos y las compañías que brindarán el servicio. Son las dos caras de la moneda: mientras una es iluminada por el sol de los presupuestos y contratos, la otra queda sepultada bajo la sombra (y el olor) de la negligencia.

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Soluciones viables y no parches

En este tipo de problemáticas, necesitamos pasar de la pasividad colectiva a la acción comunitaria. Ya nos hemos dado cuenta que no basta con los programas gubernamentales de camiones con música, sacar la bolsa a la esquina y olvidarnos de ella.

En México, entre el 40 y 50% de los residuos sólidos urbanos son residuos orgánicos. En nuestro estado, la educación ambiental no debe ser un accesorio, sino la base de la política pública. En la entrega Pachuca entre bolsas negras Parte I, hablo sobre la importancia de separar nuestros residuos desde el hogar y los beneficios que trae consigo: facilita el reciclaje, permite el compostaje sin generar malos olores, disminuye el volumen de basura y evita la contaminación de suelo y mantos acuíferos.

Definitivamente la solución a nuestro problema de basura no es construir un basurero más grande ni adquirir más camiones, sino formar ciudadanos con pensamiento crítico que cuestionen su rol en este ciclo infinito de consumo.

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