Antares Cervantes

Lo que tienes que saber

  • La industria musical perdió, según Pollstar, más de 30 mil millones de dólares sólo en conciertos y entretenimiento en vivo durante el primer año de pandemia.
  • Taylor Swift convirtió su gira Eras en la primera en superar mil millones de dólares, demostrando que el público no dejó de amar la música.
  • El problema ahora sería cultural,  volver a vivir en un mundo donde los festivales callen, las luces se apaguen y miles de personas dejen de cantar juntas.

En 2020 el mundo apagó estadios, cerró bares, canceló festivales y silenció giras enteras. La industria musical perdió, según Pollstar, más de 30 mil millones de dólares sólo en conciertos y entretenimiento en vivo durante el primer año de pandemia. Lo que parecía impensable ocurrió, el negocio más emocional del planeta quedó suspendido por miedo al contacto humano.

Hace unos días resurgieron las alertas sanitarias internacionales por nuevos virus bajo vigilancia epidemiológica, entonces en la industria musical comienza el temor a otra pandemia, ya que el Covid los transformó para siempre. Mientras los escenarios morían, el streaming explotó. La Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) reporta que los ingresos globales de música grabada alcanzaron 31.7 mil millones de dólares en 2025, once años consecutivos de crecimiento impulsados principalmente por plataformas digitales. Hoy existen más de 837 millones de usuarios de streaming de pago en el planeta.

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La música ya no depende únicamente de estadios llenos; ahora vive en audífonos, algoritmos y teléfonos móviles. Spotify, Apple Music y YouTube convirtieron cada encierro en consumo inmediato. Durante la pandemia millones descubrieron artistas desde casa, y fenómenos como el resurgimiento del vinilo demostraron que el público sigue necesitando conexión emocional con la música. El vinilo, de hecho, suma ya 19 años consecutivos de crecimiento global.

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Pero detrás de los números brillantes existe una grieta incómoda, el streaming salvó a las grandes compañías, pero no a los músicos. Mientras la industria presume cifras récord, miles de artistas independientes siguen dependiendo de giras, mercancía y festivales para sobrevivir. Reddit, convertido hoy en termómetro brutal de percepción cultural, resumió el dilema con una frase demoledora: “El streaming no destruyó la industria musical… destruyó a los músicos”.

Ahí está el verdadero riesgo de otra pandemia. No sería el colapso de Spotify; sería el golpe a técnicos, foros, ingenieros, fotógrafos, venues y bandas medianas que viven del escenario. Porque la música no sólo es arte, es economía nocturna, turismo, consumo, empleos y ciudades enteras moviéndose alrededor de un concierto.

Y sin embargo, algo quedó claro desde 2020, cuando el mundo se encierra, la música se vuelve refugio. Las reproducciones aumentan, los catálogos clásicos resurgen y los artistas encuentran nuevas maneras de existir. Taylor Swift convirtió su gira Eras en la primera en superar mil millones de dólares, demostrando que el público no dejó de amar la música; simplemente aprendió a consumirla distinto.

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Si hubiera otra pandemia la industria musical  ya aprendió a monetizar el encierro. El problema ahora sería cultural,  volver a vivir en un mundo donde los festivales callen, las luces se apaguen y miles de personas dejen de cantar juntas.

Porque después del Covid entendimos algo brutalmente humano, la música nunca fue un lujo. Era la manera más elegante de recordarnos que seguíamos vivos.

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