Foto: Oscar Sánchez

Lo que tienes que saber

  • Hoy, El Sazón de Mi Tierra, de lunes a domingo, atiende hasta 150 personas y se convirtió en uno de los lugares favoritos para quienes buscan comida casera, abundante y accesible.
  • Buscando crecer, Sergio encontró una casa sobre la calle Miguel Lerdo de Tejada, a unos pasos de la alcaldía de Pachuca.
  • El menú incluye comida corrida, sopas caseras y platillos como enchiladas con arrachera, chamorro, costillas y uno de los favoritos de la clientela.

Hace 23 años, Sergio Moreno y Reina Romo comenzaron con una pequeña cocina en el Mercado Primero de Mayo de Pachuca; hoy, El Sazón de Mi Tierra, de lunes a domingo, atiende hasta 150 personas y se convirtió en uno de los lugares favoritos para quienes buscan comida casera, abundante y accesible.

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Todo empezó casi por casualidad.

Sergio pensaba dedicarse a otro negocio, pero Reina insistió en apostar por la cocina. Ambos crecieron rodeados de fondas y mercados: sus padres vendían comida y conocían perfectamente el oficio.

“Queríamos poner una dulcería, pero mi suegro nos dijo: ‘¿Por qué no mejor comida?’”, recuerda Sergio.

Foto: Oscar Sánchez

La oportunidad apareció cuando una señora poblana decidió vender su pequeño local de mole rojo dentro del mercado. Lo compraron sin imaginar que ahí comenzaría una historia que décadas después seguiría creciendo.

Al inicio eran pocas mesas y comida corrida, pero el sazón comenzó a llamar clientes.

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“La gente empezó a llegar cada vez más y decidimos ponerle nombre propio: El Sazón de Mi Tierra”.

El crecimiento fue tan rápido que pronto el espacio quedó rebasado.

“Había filas esperando mesa. Ahí entendí que ya no cabíamos”.

La apuesta que cambió todo

Buscando crecer, Sergio encontró una casa sobre la calle Miguel Lerdo de Tejada, a unos pasos de la alcaldía de Pachuca. No era local comercial ni tenía cocina, pero vio potencial.

“Convencí a la dueña de rentármela. Tiramos paredes y la adaptamos poco a poco”.

Foto: Oscar Sánchez

Con esfuerzo y apoyo de algunos clientes logró obtener permisos y acondicionar el espacio. El nuevo lugar volvió a llenarse rápidamente.

“La misma gente te obliga a crecer”.

Después vinieron más ampliaciones hasta llegar al restaurante actual, con capacidad para 150 personas y un equipo de 15 trabajadores entre cocineras, meseros y personal de apoyo.

“Nunca bajamos la calidad”

En tiempos donde muchos negocios abaratan ingredientes, Sergio asegura que ellos decidieron mantener la calidad como prioridad.

“El secreto está en tres cosas: sazón, atención y precios accesibles”.

Aunque los costos suben constantemente, asegura que siguen trabajando con productos frescos.

Foto: Oscar Sánchez

“Compramos carne y pollo del día. Nada congelado. Preferimos ganar menos, pero que la gente siga regresando”.

El menú incluye comida corrida, sopas caseras y platillos como enchiladas con arrachera, chamorro, costillas y uno de los favoritos de la clientela: el filete empanizado.

Foto: Oscar Sánchez

“Queremos que la gente sienta que viene a comer como en casa”.

Una historia cocinada desde la infancia

Sergio y Reina también comparten historia fuera de la cocina. Ambos son originarios de Atotonilco el Grande y se conocen desde niños.

“Allá los días de tianguis son tradición. Hay fonditas, mole, pancita y guisados por todos lados. Yo creo que desde ahí traemos esto”.

Hoy, después de más de dos décadas, siguen viendo regresar a familias enteras.

“Hay clientes que venían con sus hijos pequeños y ahora esos hijos ya vienen solos”.

Foto: Oscar Sánchez

Aunque existe la posibilidad de abrir nuevas sucursales, Sergio no tiene prisa.

“Tal vez mis hijos quieran llevar esto a otro nivel. Nosotros estamos felices así”.

Por ahora, la esencia sigue siendo la misma que cuando comenzaron en aquel pequeño local del mercado: comida con sabor a casa.

“Que venga quien todavía no nos conoce”, dice Sergio. “Después de probar, regresan”.

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