Lo que tienes que saber
- La propuesta del ayuntamiento es involucrar la cultura pulquera, con la recreación de un tinacal y la difusión de la cocina tradicional, para hacer de la fiesta una experiencia más integral, donde el visitante no solo observa, sino que comprende y se involucra con las raíces del lugar.
- Otros municipios más allá del Valle, como Metepec y Agua Blanca, también mantienen viva esta tradición, en comunidades como Estación de Apulco, Ferrería de Apulco y Apulco destacan por la espectacularidad de sus trajes, convirtiéndose en puntos de atracción para visitantes.
- En la Sierra Otomí Tepehua, la celebración con historia propia se da en localidades de Tenango de Doria, San Bartolo Tutotepec y Huehuetla, haciendo amplia la oferta en el mapa de celebraciones y recordando la riqueza cultural de Hidalgo en su conjunto.
En el Valle de Tulancingo hay tradiciones que no solo resisten el paso del tiempo, sino que evolucionan, se adaptan y encuentran nuevas formas de mantenerse vigentes. Entre ellas, los carnavales destacan como una de las expresiones más vivas de la identidad regional. Lo que antes era una celebración profundamente ligada al calendario religioso y a los ciclos agrícolas, hoy también se consolida como una herramienta de desarrollo económico y promoción turística para diversos municipios.
En los últimos años, el crecimiento de los carnavales en la región es evidente. Algunos ya cuentan con un arraigo sólido, resultado de décadas de organización comunitaria; otros, en cambio, buscan posicionarse como nuevos referentes culturales. Este fenómeno no es casual: responde a una combinación de esfuerzos institucionales, participación ciudadana y una creciente conciencia sobre el valor económico que se genera entorno a estas celebraciones.
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Uno de los casos de esta nueva etapa es el de Cuautepec de Hinojosa. Tradicionalmente identificado por su vocación textil, el municipio ha decidido diversificar su identidad y apostar por el turismo cultural. La implementación de su carnaval, que este año celebró su segunda edición, forma parte de esa estrategia. La participación de mil 800 danzantes, tanto locales como provenientes de otras regiones, refleja no solo la convocatoria lograda, sino también la capacidad de articular esfuerzos más allá de las fronteras municipales.

La inversión para la edición 2026 fue de 600 mil pesos destinados a logística y traslados; se logró una afluencia de 30 mil asistentes y una derrama económica cercana a los 14 millones de pesos. Este modelo recuerda que apostar por la cultura, la identidad y las tradiciones hacen que una inversión tenga un retorno tangible.
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En esa misma lógica, Singuilucan se suma al impulso de los carnavales como parte de su agenda cultural. En el marco de su 199 aniversario, el municipio celebrará su carnaval integrando elementos que no solo quedan en la danza y la música.
La propuesta del ayuntamiento es involucrar la cultura pulquera, con la recreación de un tinacal y la difusión de la cocina tradicional, para hacer de la fiesta una experiencia más integral, donde el visitante no solo observa, sino que comprende y se involucra con las raíces del lugar.

Sin embargo, el crecimiento de nuevos carnavales no opaca la relevancia de aquellos que han sido históricamente el corazón de estas celebraciones. Santa Ana Hueytlalpan es ejemplo de ello. En esta comunidad indígena el carnaval no es un evento organizado desde cuatro paredes, sino una tradición construida desde la comunidad.
Al menos cinco barrios participan activamente en su realización, y la colaboración de migrantes radicados en Estados Unidos añade una dimensión transnacional que fortalece tanto el financiamiento como el sentido de pertenencia.
La programación, que incluye música en vivo, coronaciones, ceremonias simbólicas y espacios de convivencia, mantiene vivo ese equilibrio entre lo festivo y lo ritual. Es precisamente ese equilibrio el que ha permitido que estos carnavales no pierdan su esencia a pesar de su crecimiento.

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Particular mención merece Santiago Tulantepec, donde el carnaval se celebra desde 1951. En este caso, la festividad conserva elementos profundamente simbólicos: la música, la danza y el disfraz como expresiones de renovación, abundancia y alegría.
Otros municipios más allá del Valle, como Metepec y Agua Blanca, también mantienen viva esta tradición, en comunidades como Estación de Apulco, Ferrería de Apulco y Apulco destacan por la espectacularidad de sus trajes, convirtiéndose en puntos de atracción para visitantes.
En la Sierra Otomí Tepehua, la celebración con historia propia se da en localidades de Tenango de Doria, San Bartolo Tutotepec y Huehuetla, haciendo amplia la oferta en el mapa de celebraciones y recordando la riqueza cultural de Hidalgo en su conjunto.

Hoy, los carnavales del Valle de Tulancingo ya no pueden entenderse únicamente como una antesala de la Pascua o como una celebración de la llegada de la primavera. Se han transformado en espacios donde convergen cultura, identidad, turismo y economía.
Esta evolución plantea retos importantes: mantener la autenticidad, evitar la sobrecomercialización y garantizar que los beneficios económicos lleguen realmente a las comunidades.
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Lo cierto es que, bien gestionados, los carnavales tienen el potencial de convertirse en una de las principales fortalezas de la región. No solo como atractivo turístico, sino como un mecanismo de cohesión social y preservación cultural. En el Valle, la fiesta continúa, pero ahora también genera desarrollo.
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