KATHYA MORENO

Lo que tienes que saber

  • Cada año, cuando el calendario marca la llegada de la primavera —que en 2026 ocurre el 20 de marzo—, algo más que una estación cambia.
  • En México, este evento se ha convertido en una oportunidad para redescubrir la riqueza cultural que habita en nuestras zonas arqueológicas.
  • Más allá de la postal, el sitio invita a reflexionar sobre el legado tolteca y su profunda conexión con el cosmos.

¿Queremos sumar más nombres a la lista… o realmente convertirnos en los mejores?

Cada año, cuando el calendario marca la llegada de la primavera —que en 2026 ocurre el 20 de marzo—, algo más que una estación cambia: se renueva una energía colectiva que invita a salir, a reconectar y a mirar hacia nuestras raíces. El equinoccio no es solo un fenómeno astronómico; es también un momento cargado de simbolismo, tradición y turismo.

En México, este evento se ha convertido en una oportunidad para redescubrir la riqueza cultural que habita en nuestras zonas arqueológicas. Y en el estado de Hidalgo, esa experiencia adquiere una dimensión especial. Aquí, la historia no está encerrada en museos: está viva, al aire libre, esperando a ser recorrida.

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Visitar Tula durante el equinoccio es encontrarse con la imponente presencia de los atlantes, figuras que parecen custodiar el paso del tiempo. Más allá de la postal, el sitio invita a reflexionar sobre el legado tolteca y su profunda conexión con el cosmos.

Por su parte, Huapalcalco ofrece una experiencia distinta, casi íntima. Rodeado de un paisaje más discreto, este sitio guarda uno de los antecedentes más antiguos de ocupación humana en la región. Aquí, el equinoccio se siente más cercano, más introspectivo.

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Y en Xihuingo, el visitante se encuentra con un lugar menos explorado, pero profundamente significativo. Su famosa “Pirámide del Tecolote” y sus alineaciones astronómicas revelan que nuestros antepasados entendían el cielo con una precisión que aún hoy asombra.

Hidalgo tiene en sus zonas arqueológicas una puerta abierta al pasado, pero también una oportunidad de construir un turismo más consciente y sostenible.

Esta primavera, más que seguir una tradición, vale la pena vivir una experiencia. Porque entender el equinoccio no solo es mirar al sol, sino también mirar hacia la historia… y dejarse iluminar por ella.

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