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Lo que tienes que saber
- El pasado fin de semana, diversos grupos ambientalistas y defensores de la vida animal se reunieron en la Plaza Independencia de Pachuca para manifestarse en contra de la consulta ciudadana aprobada el pasado 21 de mayo por la LXVI Legislatura.
- Entre los argumentos manifestados, se destacó que el maltrato animal no debe someterse a consulta y que la cultura no tiene por qué ser sinónimo de dolor y muerte para ningún ser sintiente.
- Las evidencias de animales aún conscientes durante el proceso de desangrado y la falta de equipos de aturdimiento adecuados no solo exponen una crueldad inaceptable, sino que reflejan una profunda deficiencia en la supervisión sanitaria.
Entre la tradición, política y protección al ambiente
El pasado fin de semana, diversos grupos ambientalistas y defensores de la vida animal se reunieron en la Plaza Independencia de Pachuca para manifestarse en contra de la consulta ciudadana aprobada el pasado 21 de mayo por la LXVI Legislatura. Esta iniciativa busca que la ciudadanía determine si el estado debe, o no, continuar permitiendo la realización de corridas de toros.
Entre los argumentos manifestados, se destacó que el maltrato animal no debe someterse a consulta y que la cultura no tiene por qué ser sinónimo de dolor y muerte para ningún ser sintiente. Para muchos, la consulta se percibe más como un pretexto para retrasar una toma de decisiones necesaria y definitiva al respecto.
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Por otra parte, sectores taurinos defienden que estas actividades están profundamente arraigadas en diversos municipios hidalguenses, formando parte esencial de ferias y festejos patronales. Argumentan, además, que la tauromaquia genera empleos y contribuye a la conservación del toro de lidia (Bos primigenius taurus) y de las tradiciones culturales. Sin embargo, esta postura se ve hoy confrontada por una realidad local inevitable: la crisis en el manejo de animales destinados al sacrificio.
El rastro de Pachuca: un ejemplo local de maltrato
La indignación social brotó hace unos días tras la difusión de videos que muestran graves irregularidades en las prácticas del Rastro Municipal de Pachuca. Diferentes organizaciones civiles refirieron que dichas prácticas violan sistemáticamente la NOM-033-SAG/ZOO-2014, la cual establece los métodos humanitarios y técnicos para dar muerte a animales domésticos y silvestres, evitando el sufrimiento innecesario.
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Las evidencias de animales aún conscientes durante el proceso de desangrado y la falta de equipos de aturdimiento adecuados no solo exponen una crueldad inaceptable, sino que reflejan una profunda deficiencia en la supervisión sanitaria. Este caso sin duda pone en total evidencia la supuesta legitimidad de los espectáculos basados en el sufrimiento animal.
El maltrato animal es solo el comienzo
Además de las implicaciones éticas, existen impactos ambientales que deben considerarse. Como cualquier actividad pecuaria, la crianza de ganado requiere grandes extensiones de tierra, un consumo hídrico importante y una vasta producción de forraje. También genera emisiones de metano, grandes cantidades de residuos orgánicos y degradación de suelos si no existe un manejo integral adecuado.
Las corridas de toros (y los rastros) generan residuos biológicos (sangre, vísceras y aguas residuales) que requieren de un manejo especial. Cuando los protocolos fallan, estos desechos se convierten en focos de contaminación y riesgos sanitarios para la población.
¿La tauromaquia cómo factor de conservación ambiental?
Sectores taurinos argumentan que su actividad conserva la especie y su hábitat, promoviendo así el cuidado ambiental. Sin embargo, especialistas cuestionan este punto: para la conservación de un ecosistema o una especie, no es necesario vincular dicha protección a espectáculos basado en el sufrimiento.
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Recordemos que nuestra forma de relacionarnos con otras especies no debería implicar su dolor como parte de nuestra cultura. Somos parte del mismo planeta y cohabitamos los espacios con diversas formas de vida; no somos la culminación del árbol evolutivo ni los dueños absolutos de la Tierra. A veces parece que nos hemos desconectado de nuestro hábitat, creyéndonos ajenos a él.
Proteger nuestra cultura y nuestro planeta debe trascender la discusión entre plazas y espectáculos. Requiere una revisión crítica sobre nuestras prácticas y nuestra relación con los demás seres vivos. Afortunadamente, un sector de la sociedad actual ha comenzado a cuestionar estas lógicas, aceptando que las tradiciones de antaño no siempre son compatibles con los valores de respeto y sustentabilidad del presente.



