Antares Cervantes

Lo que tienes que saber

  • The Dark Side of the Moon no es solo una obra maestra del rock, es una exploración sonora de la mente humana, del tiempo que se escapa, de la locura que acecha y de esa parte que nadie quiere ver, el lado oscuro.
  • El trayecto de Artemis II alrededor de la Luna tuvo una duración cercana a los 42 minutos en su punto clave de órbita, exactamente el mismo tiempo que dura el álbum de Pink Floyd.
  • En la ansiedad colectiva, en la prisa constante, en la incapacidad de detenernos.

Hay discos que no se escuchan… se habitan.

The Dark Side of the Moon no es solo una obra maestra del rock, es una exploración sonora de la mente humana, del tiempo que se escapa, de la locura que acecha y de esa parte que nadie quiere ver, el lado oscuro.

Cuando Pink Floyd lanzó el álbum en 1973, la Luna ya había sido pisada, pero no comprendida. Ese “lado oscuro” no era un sitio físico, sino emocional. Una metáfora brutal de lo que cargamos dentro.

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Décadas después, la metáfora no solo rozó lo literal, lo orbitó y regresó.

La misión Artemis II ya completó su histórico viaje alrededor de la Luna. Sin alunizar, pero con una hazaña igual de simbólica, rodear la cara oculta, ese territorio invisible desde la Tierra que durante generaciones fue más mito que geografía. No es una región en tinieblas permanentes; recibe luz solar. Pero sigue siendo desconocida a simple vista. Y eso basta para inquietar.

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Y entonces ocurre algo casi poético.

El trayecto de Artemis II alrededor de la Luna tuvo una duración cercana a los 42 minutos en su punto clave de órbita, exactamente el mismo tiempo que dura el álbum de Pink Floyd. Una coincidencia que parece escrita más por la cultura que por la ingeniería. Como si medio siglo después, ciencia y música se dieran la mano en el mismo pulso.

Porque si algo entendió Pink Floyd es que lo desconocido no siempre está lejos. A veces está ahí, girando en silencio, esperando a ser confrontado. Lo mismo ocurre con esa cara lunar que nunca vemos, no es ausencia de luz, es ausencia de perspectiva.

En ese instante, cuando la nave dejó de ver la Tierra, ocurrió algo más que un evento técnico. Fue un corte simbólico con todo lo conocido. Sin fronteras, sin mapas, sin ruido. Justo lo que el disco denunciaba, la saturación de un mundo que no sabe detenerse.

“Time”, “Us and Them”, “Brain Damage”, cada track dialoga con ese viaje. El tiempo que se agota, las divisiones humanas, la fragilidad mental frente a lo inmenso.

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La cara oculta de la Luna ya no es solo poesía. Ya fue rodeada, observada, registrada.

Pero el verdadero lado oscuro sigue intacto.

No está en el espacio. Está en nosotros. En la ansiedad colectiva, en la prisa constante, en la incapacidad de detenernos. Pink Floyd lo entendió hace más de 50 años. Artemis II lo confirmó desde la órbita: seguimos buscando respuestas afuera para no mirar adentro.

La misión ya volvió a casa.

Pero el viaje importante sigue pendiente, atreverse a mirar el lado oscuro, sin miedo.

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